-Hoy recuerdo el día más importante de mi vida-una rubia estaba sentada en un jardín de rosas sosteniendo en sus manos un delicado anillo-¿quieren saber porque es muy importante?...Les contaré todos los detalles para que puedan entenderme.

Exactamente habían pasado dieciocho meses desde que mi vida había dado un giro enorme. De la manera más inesperada había conocido al tío abuelo William. En ese momento sentía que estaba en un callejón sin salida pues me estaban obligando a casarme con Neil, ¿Se imaginan a mí casada con Neil?, Cada vez que lo recuerdo siento escalofríos en mi cuerpo.
Lo importante es que descubrí que mi bondadoso benefactor era nada más y nada menos que Albert. Quien como siempre vino a ayudarme, salvándome de esa absurda boda. Ahora comprendía muchas cosas, me sentía tan agradecida con él por haberme ayudado en todo momento. Fue gracias a él que puede soportar las maldades de Elisa y Neil, me consoló tras la muerte de Anthony, a pesar de que él estaba sufriendo enormemente al haber perdido a su único sobrino, gracias a él escogí mi profesión.
Me sentía la mujer más feliz del mundo, pero la felicidad y las sorpresas no iban a terminar allí pues días más adelante me enteré que él también era mi príncipe de la colina. ¡Oh por Dios! Cuantas veces rogué volverlo a ver y descubrí que él siempre estuvo a mi lado.
Ese día no pude contener las lágrimas por tanta felicidad que me embargaba en el interior. Las tres personas más importantes de mi vida eran uno solo, mi primer amor, mi benefactor y mi amigo. Después de ese descubrimiento las cosas ya no volvieron a ser las mismas, simplemente mejoraron parecía que habían acabado mis días tristes.
Yo regresé a trabajar con el doctor Marín y a vivir en el departamento de Chicago, para mantenerme cerca de Albert. Vivir en la mansión de los Aldry con él, no se podía porque la tía Elroy quería que dejara de trabajar y yo amo mi profesión. La sola idea de estar separa de él me entristecía grandemente, no tienen la idea de lo angustiante que era verlo partir en sus viajes de negocios.

-Por cuanto vas a irte-pregunté tristemente.
-Dos semanas-respondió él, sentados en una banca del parque.
-Tanto tiempo-exclamé agachando la mirada para que no viera que de mis ojos empezaban a salir algunas lágrimas.
-Trataré de regresar pronto-trataba de animarme-vamos pequeña no te pongas triste-me levantó el rostro para secarme las lágrimas-no olvides que eres más linda cuando ríes que cuando lloras-dijo besando mi frente.
-Era increíble el efecto que surgía en mí esas palabras
-Prométeme que vas a cuidarte-pedí sonriendo.
-Lo prometo señorita enfermera-contestó sonriente-“No tienes idea de cuanto te extraño cada vez que viajo”-pensaba al saber se iba a ir.
-Cuando regreses hay que ir de picnic-recostándose a su lado-hace tiempo que no lo hacemos-acomodándose mejor.
-Te lo prometo-respondió pasando su brazo por los hombros de ella-llevaremos una deliciosa comida.
-Varios emparedados y torta de durazno-me sentía tan bien a su lado, era como si todo lo demás desaparecía.
-Esta bien pequeña golosa.

Ese mismo día Albert viajó, a la mañana siguiente me sentía tan vacía, era como si faltaba parte de mi vida. Pero como siempre él me consoló pues había mandado a instalar un teléfono en la clínica, ahora podíamos conversar más seguido. Siempre me llamaba al llegar a la clínica, a la hora de almuerzo y antes de regresar a casa.

-Hoy no ha llamado Albert-hablaba muy preocupada porque no me había llamado ni en la mañana ni a la hora del almuerzo-ya vamos a cerrar y él aún no llama-estaba tan preocupada que ni si quiera había comido en todo el día-¿y si le ha pasado algo malo?-la sola idea me aterraba.
-No seas negativa-el doctor Marín trataba de animarme-es probable que venga en camino.
-Lo dudo mucho aún faltan dos días para que regrese...
-Talvez ha estado en una reunión de negocios.
-Puede ser...pero me podría haber llamado en el almuerzo, no creo que lo hayan mantenido a dieta-un ruido en la puerta me hizo levantar la mirada-Albert-dije en su susurro y me levanté corriendo votando las venditas que tenía en la mano-te extrañé tanto-Parecía que no lo había visto hace un siglo a pesar de que sólo habían sido 12 días.
-Yo también-poniéndome en el suelo-por eso quise venir lo antes posible. ¿cómo estás?
-Feliz de volver a verte-contesté emocionada.
-A mí también me alegra verte -gritó el Marín desde su silla- he estado un poco agripado pero ya me estoy recuperando-finalizó con unas sonrisa de oreja a oreja.
-Que bueno-Albert se acercó a estrecharle la mano-gracias por haber cuidado de Candy, tome le traje esto-sacando una pequeña botella de Whisky.
-¿Cómo puedes darle eso?-pregunté molesta-ha estado resfriado, con mucha fiebre y escalofríos.
-Sólo lo tomará cuando se recupere-me contestó guiñándome el ojo-y moderadamente ¿verdad?
-Oh si, sí por supuesto, pierdan cuidado-decía el doctor Marín más que feliz.
-Pero...
-Vamos, pronto va anochecer-me tomó de la mano y me sacó de la clínica para que no pueda reñirlo.
-¿Cómo te fue en tus negocios?-caminaba cogida de su brazo.
-Muy bien, por eso terminé antes de tiempo...¿te molesta?.
-Claro que no...me alegra mucho-contesté sonrojándome-me hacías mucha falta-miré hacía el piso apenada.
-Tu también-se detuvo, me puso frente a él y me tomó las manos-siempre me haces falta.
-Mis piernas me temblaban de la emoción y sufría por saber que estaba pensando él en ese momento-“Te amo, te amo”-repetía interiormente pero mis labios estaban sellados.

Era un momento mágico, nuestras miradas estaba unidas y sentía que mil mariposa revoloteaban en mi estómago. Albert tomó una de mis manos y la besó sin dejar de mirarme.

-Candy..-su voz se oía un poco temblorosa.
-¿Sí?-pregunte de la mima forma.
-Yo...-Sin previo aviso se vino un diluvio sobre nosotros-hay que apurarnos para no empaparnos-

Me tomó de la mano y empezamos a correr. Ese momento mágico se había esfumado por esa bendita lluvia. Las gotas que caían eran muy gruesas y dolían cuando se estrellaban en nuestra cabeza. Felizmente no faltaba mucho para llegar al departamento.

-Hay que cambiarnos-hablé preocupada.
-Yo no tengo ropa...debo regresarme...
-De ninguna manera-interrumpí-en el lavador hay toallas para que te seques, mientras regreso-y me entré a mi cuarto-¿Albert?-no lo veía por ningún lado.
-Aquí estoy-Al regresar a mirarlo me quedé muda, lela, anonadada. Se había quitado la camisa dejando su torso descubierto, mientras se secaba el cabello-¿qué es eso?-señalando un paquete que llevaba en mis manos.
-¿Eh?..Oh sí-contesté avergonzada-es una pijama, pensaba dártela en tu cumpleaños, para tener una igual como en los viejos tiempos, pero adelantar un poco no será problema.
-Gracias-se acercó a mí y me besó la frente-estás temblando-me quitó el paquete-aún no te has cambiado, anda sécate que no quiero que te enfermes.

Era cierto que temblaba pero no lo hacía por el frío, sino por haberlo visto así. A pesar de que no era la primera vez que lo veía. No obstante las cosas ahora eran diferentes pues había dejado de ser un simple amigo, ahora era otra persona para mí. Esa noche Albert se quedó a dormir en su anterior cuarto, yo no pude dormir pensando en él y, recientemente, me confesó que él tampoco pudo hacerlo. Una semana completa pasó y Albert me sorprendió enviándome una tarjeta invitándome a almorzar.

Querida Candy:
¿Recuerdas que prometí que a mi regreso íbamos a ir de picnic? Pues te invito a ir hoy día. George te pasará recogiendo.
Atte
Albert
“La boda de mis sueños”
Capítulo I
Capítulo 2
Una nota tan sencilla con palabras simples me llevaría a mi felicidad. Pedí permiso al doctor Marín para tener tiempo de alistarme. Jamás en mi vida había tenido tanto problema con mi ropa como en ese momento, no encontraba un vestido apropiado. No quería ir elegante pero tampoco quería ir tan sencilla. Me gustaban todos mis vestidos pero tampoco me parecían apropiados para la ocasión. Después de ¡DOS HORAS! Me decidí por un vestido rosado, con mangas cero y falda acampanada. Recién acababa de peinarme cuando llegó George a recogerme.

-Buen día señorita Candy-saludó tan formal como siempre, es que ese hombre nunca dejaba las reglas de protocolo, ni siquiera para peinarse-¿ya está lista?
-“Eso creo”-pensé nerviosa, ya presentía que algo iba a ocurrir en ese día­-Sí-respondí sonriendo.
-Se ve muy bella-Fue un alivio escuchar su comentario.
-Gracias-contesté disipando los nervios-espero que Albert piense lo mismo-pensé subiendo al auto supuestamente porque tiempo después George me dijo que lo había dicho en voz alta.
-...
-Por fin llegamos al lugar y yo o veía a Albert por ningún lado
-¿Seguro que es aquí?-pregunté bajando del carro-yo no veo nada.
-No se desespere- respondió sonriendo-muy pronto verá que no me he equivocado

George hizo una reverencia y se fue dejándome con muchas dudas. ¿Por qué los hombres tienen que ser misteriosos? Y nos culpan de ser complicadas a nosotras. Me encontraba cerca al lago, era el mismo sitio donde Albert y yo habíamos prometido compartir nuestras penas y alegrías. Caminé un poco y encontré un mantel puesto en el piso y  una canasta.

-“George no se equivocó”-pensaba mientras me acercaba-“Pero no veo a Albert por ningún lado, y ¿si esto es de otra persona?”-me retraje de curiosear la canasta.
-Hola Candy-¿por qué siempre tiene que aparecer de improvisto? Pensé quedando fría, se veía tan apuesto con ese pantalón beige y camisa negra que resaltaban su musculatura y sus hermosos ojos azules.
-Hola-respondí sintiendo un temblor en  las piernas.
-¿Te gusta el lugar que escogí?-se acercó y beso mi frente.
-Como quería que responda si lo tenía tan cerca de mí. Me miró a los ojos y me tomó la mano esperando una respuesta
-Es precioso-una sonrisa se asomó a sus labios al oírme.
-Ven hay que comer.

Nos sentamos a disfrutar de lo que había traído, Umm habían deliciosos emparedados y suculentos pastelitos rellenos de chocolate y vainilla. Creo que nuestras risas se podían oír a kilómetros, él sabía llenar mi vida de alegría, nos estábamos divirtiendo mucho contándonos varias anécdotas. Sin embargo en un momento dado Albert dejó de sonreír y se puso un poco serio.

-¿Sucede algo?-estaba preocupada por su cambio de humor, pensaba que se había puesto así por algo que yo había dicho.
-No-contestó tratando de sonreír-hay algo que quiero decirte-se paró y caminó hasta sentarse a mi lado-Candy-dijo tomándome la mano-¿recuerdas la promesa que hicimos en este lugar?-me miraba a los ojos expectante
-Claro-contesté sintiendo un hormigueo incontrolable en el estómago-prometimos compartir nuestras penas y alegrías.
-Hace tiempo que nos conocemos y hemos compartido casi todo-me soltó la mano y sacó de su bolsillo un ovillo de hilo-yo quiero compartir todo contigo-tomó mi mamo e hizo un nudo en mi dedo anular de la mano derecha-quiero compartir mi vida contigo, convertirnos en uno-¿Qué tenía que ver un hilo con eso?-porque te amo, mi corazón te pertenece, no puedo vivir si no estás tú-Albert me amaba ¡OH Dios mío! Él también sentía lo mismo que yo, pero ¿qué tenía que ver ese hilo atado en mi dedo?-..te necesito como necesito el aire para poder respirar..¿aceptas casarte conmigo?
-¡AHHH! En mi interior campanas sonaban atronadoramente. Albert estaba pidiéndome matrimonio. NO lo podía creer, una lágrima rodó por mi mejilla por la felicidad que sentía-Si acepto-contesté más feliz que nunca-Te amo.
-Yo también te amo-desenvolvió un poco el hilo-Este hilo representa nuestra relación-ahora podía entenderlo-juntos trabajaremos para que este hilo no se rompa y permanecer siempre unidos-con los ojos nublados por las lágrimas vi como deslizaba un anillo por el hilo estancándose en mi dedo. Albert tomó mi mano y puso el anillo en mi dedo-Te amo con todo mi corazón.

Sus labios se unieron a los míos en una promesa de amor. Sentía su aliento cálido quemando mi piel, tiernamente empezó a acariciar mi rostro y sintió algunas lágrimas.

-¿Te he ofendido?-preguntó preocupado secando mis lágrimas.
-No-contesté sonriendo-lloro de felicidad, soy muy feliz...te amo.
-Yo-no le permití hablar porque lo callé con un beso, Obviamente yo no sabía como besar pero tenía un gran maestro a mi lado-te amo-me besó la nariz y me atrajo a su pecho-¿sientes como late mi corazón?-me tomó una mano y la puso en su pecho permitiéndome oír el loco palpitar de su corazón-late por ti, porque te amo, porque eres mi razón para vivir...Soy el hombre más feliz del mundo porque te convertirás en mi esposa.
-¿Cuándo nos casaremos?-pregunté acomodándome mejor a su lado.
-Umm-dijo haciéndome caer sobre el pasto, se acostó a mi lado y me abrazó jugando con uno de mis cabellos-que te parece en tres...
-¿¿tres meses??-cerré los ojos imaginándonos casados, con todos nuestros amigos alrededor.
-¡¡NO!!-respondió preocupado-tres días.
-¿¿Qué??-exclamé sorprendida levantándome un poco para mirarlo a los ojos-es imposible planear una boda en tres días, además...la tía Elroy...
-MI amor-volviéndome a recostar a su lado. “Cuanto me encantaba estar recostada a su lado y hasta ahora me sigue gustando”-Olvidas que yo soy el patriarca de la familia-hablaba picaramente-y que les guste o no las decisiones las tomo yo.
-jajaja había olvidado lo poderoso que es usted señor Andrew-contesté delineando su ceja.
-Más vale que lo recuerde señorita Andrew...
-Así que a usted nadie puede hacerlo cambiar de opinión pues tiene la última palabra.
-Te equivocas si hay alguien que puede hacer eso.
-¿?
-Tú pues mi amor, porque crees que venía siempre antes de tiempo...lo hacía porque tú me lo pedías por eso me esforzaba tanto para terminar pronto con los negocios...no me gusta estar lejos de ti.
-A mí tampoco-abrazándolo. No piensen mal, aunque estábamos en un lugar público casi nadie pasaba por allí así que no dábamos ningún espectáculo además que no hicimos nada malo-muy pronto ya no nos separaremos...te acompañaré en todos tus viajes-le guiñé el ojo-y que no se diga más.
- Eso sería maravilloso pero ¿estás segura de que no te aburrirás?
-Si estoy contigo claro que no me aburriré...pero aún no decidimos la fecha del matrimonio. Te parece en tres meses.
-Mucho tiempo, que sea uno
-Dos.
-Uno
-Dos
-Está bien dos meses-asintió riendo-reafirmo lo dicho, no puedo ir en contra tuya...¿te parece si vamos en la noche a avisarle a Archie y a la tía Elroy?
-Pero...
-Tranquila...¿confías en mí?
-Ciegamente-su mirada y el tono de su voz me infundía paz.
-Entonces no tienes de que preocuparte-dijo con una mirada cautivante-todo saldrá bien...Mira que lindo está el cielo...despejado.
-Azul como tus ojos-dije sonrojándome.
-jajaja pero a mi me gusta el verde de tus ojos pues significa la esperanza, y lo puedo encontrar en todas las flores, a pesar de que ninguna se compara a tu belleza.
-Adulador-contesté sonriendo.
-No soy adulador, sólo estoy diciendo la verdad...eres una mujer muy hermosa-me besó en la frente.

Mi corazón iba a estallar de tanta felicidad, ¿se imaginan ustedes estar al lado de la persona que aman con todo su corazón de la misma forma que yo? . Cerré los ojos imaginando que estaba en el día de la boda caminando hacía él. Hace un lindo sol y hay muchas Dulce Candy a mi alrededor.
Inmersa en mi ensoñación sentí que tomó mi mano y se la llevó a los labios depositando un suave beso. Abrí los ojos y me encontré con el azul inmenso de su mirada.

-Mira-levantó nuestras manos entrelazadas-juntos somos fuertes y podremos salir adelante a pesar de las adversidades. Es posible que algunos se opongan pero no nos vamos a dejar vencer.
-NO-agregué yo, mi príncipe era un guerrero dispuesto a todo-vamos a luchar y salir adelante.
-Juntos por Siempre.
Notas de la autora: Este fic esta inspirado en la película “Confesiones de una novia” y el detalle del hilo lo saque de una película de Julia Robert. Un agradecimiento especial a Dany por la separación de los capítulos
“Jarerc Aldry”…Judith Oviedo
mailto:Jarerc_jk@hotmail.com

GF 2007
Grupo Albertmanía
Continúa leyendo este fic aquí!!!