-Buen día Candy-EL doctor Marín me saludó muy efusivamente
-ya enviamos nuestro informe a New York sólo nos queda
esperar.
-Sí-sin muchos ánimos me senté en la silla.
-¿Qué pasa
Tarzán pecosa?-escuchar la voz de Terry hizo que mi cuerpo se escarapelara,
desde que él reapareció en mi vida habían surgido en mí sentimientos nuevos. El
tiempo que habíamos pasado juntos había hecho que empiece a sentir algo por él,
algo que me estaba asustando.
-Hola Terry-sin mirarlo a los ojos lo
saludé.
-Doctor Marín, se molestaría si le robo a su enfermera-Al
escucharlo hablar levanté una ceja y mi corazón se aceleró pues su propuesta
indicaba que íbamos a estar a solas-aún tenemos que acordar que es lo que
vamos a hacer si es que recibimos la donación.
-No hay problema, a
decir verdad yo...
-Hoy iba a venir la señora Nicol para su control prenatal
y tenemos que esperarla-felizmente me acordé de ella porque sino-no puede
irse.
-Es cierto...lo había olvidado-tocándose la
cabeza-podrías atenderla por mí es que tengo que ir a otro lado..por
favor-no podía negarme porque él jamás cerraba la clínica, aunque quedarme
significaba estar a solas con Terry pero bueno estábamos en la clínica y Albert
iba a tener una junta de negocios hasta la noche.
-Está bien, tiene mi
permiso-traté de sonar muy natural para que Terry no notara los nervios que
sentía-pero luego me toca a mí.
-Como tu digas-se notaba que tenía
prisa porque salió y ni siquiera se despidió de nosotros, sosa inusual en
él.
-Nos quedamos acompañados de un silencio sepulcral-Quieres
café-le ofrecí tratando de buscar un tema de conversación y quitar esos
pensamientos turbadores de mi cabeza.
-Yo lo prepararé-desde cuando se
había vuelto tan amable-el vivir solo ha hecho que aprenda muchas
cosas-en eso lo entendía a la perfección.
No se imaginaran lo difícil
que fue para mí pasar a su lado todo el día, Terry se comporto como nunca antes,
caballeroso, servicial, atento, bromista, alegre. Me ayudó a atender a todos los
pacientes que habían llegado, incluso se mostró muy juguetón con los
pequeños.
-Ya es hora de cerrar...gracias por haberme ayudado-Lo
que quería era que se vaya y quedarme sola.
-Te acompañaré a tu
casa-se puso a guardar todas las cosas.
-Durante el camino
estuvimos hablando de todo y de nada, recordamos momentos que habíamos vivido
juntos y algunas anécdotas que nos habían pasado-¿En serio hiciste
eso?-dije llegando al departamento.
-Ella es una chica engreída
porque su padre es el presidente, pero se olvidó que yo soy
ingles.
-Que yo sepa los ingleses son muy corteses y no rechazan a una
dama.
-jajaja es que allí salió mi lado americano...que se habrá
creído-Terry me había contado que en uno de los bailes de la compañía teatral
había asistido la hija del presidente y había dado un espectáculo para llamar su
atención peor como él no le hacía caso la chica pidió permiso para hablar y,
delante todos, invitó a bailar a Terry. Por respuesta Terry la miró, se tomó su
copa de champagne y se salió del local.
-Umm me parece que es muy difícil
bailar con usted señor Granchester -abrí la puerta para subir las escaleras
que conducían a mi departamento.
-Claro que no-Yo estaba subiendo las
escaleras y Terry tomó mi mano, al regresar a mirar nuestros rostros quedaron
muy cerquita-sólo tienes que pedírmelo-mi corazón latía a mil por hora,
estábamos tan cerca que podía sentir su aliento quemando mi piel-y estaré a
tus pies-al ver sus labios puede ver como se acercaba más a mí.
No sé
en que estaba pensando pero al sentir su labios con los míos, una sensación
extraña crecía en mí. Olvidé todo lo que estaba a mi alrededor y correspondí al
beso, mis manos se enredaron en su cabellos al sentir sus manos viajar en mi
espalda. Pero de pronto una alarma despertó en mi interior, ¿qué es lo qué
estaba haciendo? Estaba apunto de casarme y me había besado con otro hombre. Me
separé abruptamente de Terry empujándolo, provocándole un
golpe.
-Perdona-hablé mientras lo ayudaba a levantarse-no sé
en que estaba pensando pero...esto está mal-escuché que me llamaba pero era
tanta la prisa que tenía por meterme a mi cuarto que no le presté atención
-Oh por Dios que he hecho-me sujetaba la cabeza caminando en círculos a
mi alrededor-en que estaba pensando...Dios mío-escuché un ruido en la
puerta y corrí abrir pensando que era Terry-Terry..¡¡¡Albert!!!-la sangre
se me heló y miré horrorizada que Albert estaba en mi puerta con un ramo de
rosas.
-Hola Candy-me extendió las rosas-¿Que fue lo que dijiste
al abrir? ¿esperabas a alguien más? -preguntó mirándome a los ojos, y yo
sentía que iba a descubrirme con tan sólo mirarme.
-Tenía la opción de
contarle todo en ese momento, en cambio-No... yo dije...Te vi -no le di
opción a que hablé porque un beso mío lo calló. Sí lo sé me comporté de la
manera más baja que puede haber pero no sabía que hacer en ese momento y eso fue
lo primero que se me ocurrió.
-¿Segura? Yo escuché otra cosas ¿Estás
bien?-preguntó separándose de mí. ¿Porque ante él soy un libro
abierto?
-Sí-respondí y volví a besarlo de manera apasionada para
lograr Que se olvide de todo-Te amo-no estaba mintiendo el beso de Albert
era distinto al de Terry, por albert sentía un amor verdadero pero por
Terry...creo que sólo era curiosidad.
-Yo también te amo-dijo tomando
mi rostro entre sus manos-mi vida, crees ¿que pueda entrar?
-¿¿Eh?? Oh
sí, jajaja, lo lamento, ven siéntate-lo llevé de la mano y lo hice sentarse
poniendo la rosas en la mesa, pero sentía que Albert me había
descubierto-¿cómo estuvo tu día?-pregunté sentándome a su
lado.
-Mal-respondió seriamente.
-¿Y eso?-no era común en él
quejarse abiertamente, esa fue la primera vez que lo escuché expresarse de esa
forma y la última.
-Es que ayer ofendí a la persona que más amo en el
mundo y me he sentido como el más cruel canalla-Ni se imaginan como me sentía
yo en ese momento.
-La culpa fue mía-absoluta y completamente
mía-yo no te hice caso, sólo estaba hablando y no te tome en cuenta,
perdóname.
-Mi amor-dijo tomándome las manos-tú no tienes la culpa de
nada, es comprensible que estés emocionada por los planes de la boda, yo debí
prestar más atención y jamás debí haberme ido dejándote sola...eso no me lo
perdonaré nunca, me aterraba la idea de que te haya pasado algo-no lo van a
creer pero sus ojos se pusieron llorosos y la culpa me atormentaba cada vez más
en mi interior por haberme besado con otro-perdóname...sé que no merezco tu
perdón-no podía escucharlo más porque me hacía sentir como un
gusano.
-Albert-hablé interrumpiéndolo-olvidemos eso, hagamos como
que nunca paso.
-Cómo que no pasó, si por mi culpa pudo haberte pasado
algo...yo vi como regresaste a la casa...y casi te atropella ese
coche.
-¿Vistes?, ¿cómo me pudiste ver?-se suponía que yo me había quedado
una hora en la casa después que él se fue.
-Es que te seguí-habló tan
bajo que no lo escuché.
-¿Qué dices?-pregunté.
-Te seguí...Me
sentía tan mal por tu seguridad que esperé a que salgas para asegurarme de que
llegaras con bien-Mis manos me temblaban porque no estaba siendo sincera con
el amor de mi vida.
-Olvidémoslo, por favor-no podía soportar ver como
él se atormentaba por una simple discusión cuando yo había hecho algo
peor-que ese sea cosa del pasado...por favor.
-Está bien-contestó no
muy convencido-¿cómo va todo en la clínica?, ¿Ya enviaron el
informe?
-Porque tenía que preguntarme sobre eso justamente en ese
momento-Sí, está bien.
-Mucho misterio para recibir una
donación...
-Hay que dar un paseo-interrumpí
parándome.
-¿Ahorita?-preguntó desconcertado.
-Sí porque no,
aún es temprano-quería fingir que todo estaba bien.
-Son las ocho de
la noche-respondió mirando su reloj.
-Es una linda noche.
-Candy,
el cielo está oscuro parece que va a llover..
-Pero es lindo caminar bajo la
lluvia, ¿vamos?
-Segura que estás bien.
-No preguntes eso por favor,
tenía opción para confesarle todo pero no me atreví-sí, sólo quiero salir a
pasear-y ordenar mis pensamientos.
-Entonces vamos, pero conste que si
el novio o la novia se enferman para la boda será culpa tuya.
Su
sonrisa me infundió mucha paz. AL salir del departamento sentí que alguien me
miraba así que con disimulo traté de localizar a la persona que estaba
observándome pero fue inútil pues las calles estaban envueltas de neblina. Nos
sentamos en el parque y reímos como hace tiempo no lo hacíamos. Al mirar su
rostro iluminado por esa cálida sonrisa me di cuenta de que era él la persona
con quien quería pasar el resto de mi vida. Albert era mi calma y estabilidad,
con él me sentía segura y era mi complemento perfecto.
Tal como Albert lo
había dicho empezó una fuerte lluvia, pero en vez de empezar a correr para
refugiarnos empezamos a caminar con mucha calma. Veíamos a la gente correr de un
lado a otro pero nosotros caminábamos de la mano sin prisa alguna, dejando que
la lluvia nos moje.
-Te dije que iba a llover-Albert me llevaba
abrazada mientras caminábamos.
-¿Está lloviendo?-pregunté aferrándome
más a él.
-jajaja no, que va-respondió en tono burlesco-sólo esta
cayendo agua del cielo-Se detuvo en la mitad de la pista, extendió las manos
y echó la cabeza para atrás dejando que las gotas de agua resbalen por su
rostro.
-Umm que bien se siente-imité su posición y sonreía porque el
agua me provocaba algunas cosquillas.
-Al sentir sus manos alrededor de mi
cintura lo miré a los ojos y me dijo -Te amo.
-Yo más que tú-respondí
con una gran sonrisa, mi felicidad hubiera sido completa si no hubiera pasado
ese incidente con Terry.
-Hagamos una competencia-dijo
soltándome-el último en llegar seca todo lo que vamos a mojar. A la cuenta
de cinco...
-Yo te ganaré-no dejé que contara y salí
corriendo.
-Pequeña tramposa-habló corriendo tras mío-espera a que
te alcance.
-NO me alcanzarás-le grité.
Empecé a correr con mucha
rapidez esquivando algunas personas que iban por la acera y algunos
carros. Cuando pensé que lo había perdido apareció frente mío.
-Por
donde saliste, no venías tras mío.
-jajaja tomé un atajo, pensaste que
me ibas a ganar.
-Umm ganar no sé, pero impedir que me cojas sí-respondí
en forma traviesa.
Las calles eran nuestras, corríamos de un lado
tras otro como dos niños pequeños sin problemas o preocupaciones. La lluvia nos
alentaba a seguir y, realmente, no teníamos ganas de terminar. Como si no
estuviéramos lo suficiente mojados, saltaba en los pequeños charcos que se
habían formado para empaparlo más. Seguimos así hasta que la lluvia terminó y
regresamos al departamento.
-Hay que cambiarnos antes que la ropa se
sequé-él estaba preocupado por temor a que nos vayamos a resfriar.
-Te
traeré tu ropa.
-No mi vida, anda cámbiate que yo puedo
buscarla-
Los padres de Archie nos habían mandado de regalo de boda
varias prendas de vestir, para él y yo, que habían sido guardadas en el
apartamento para ser llevadas luego a la casa. La gran mayoría, por no decir
todas, eran muy al estilo de la India.
-¿Qué tal me veo?-estaba
usando un camisón de color verde olivo con bordados dorados y un escote
pronunciado en la espalda..
-Muy Linda -respondió en tono pícaro y
besó mi frente-parece que estamos uniformados-señalando que su ropa era
del mismo color-¿y yo qué tal me veo? -preguntó dándose una
vuelta.
-Que pregunta, se veía realmente atractivo con ese pantalón ceñido y
la camisa abierta-Igual-no encontraba la palabra
exacta.
-¿¿Lindo?? Jajaja que graciosa.
-Quiero decir que te ves
bien...¿y quién ganó?
-Yo-respondió prendiendo la chimenea, que era
una última adquisición para embellecer el departamento-porque fui yo quien
abrió la puerta.
-Porque yo estaba revisando si no había
correspondencia-contesté exprimiendo bien mi cabello.-pero no hemos
mojado mucho.
-NO, entonces hay que dividirnos el trabajo, tú por la derecha
y yo por la izquierda.
A esa hora nos pusimos a limpiar la casa, pero
como no habíamos ensuciado mucho, tuvimos tiempo de preparar café y algunos
emparedados. Los emparedados los trajimos a la sala para comerlos sentados en
nuestro confortable sillón mirando el danzar del fuego. Albert trajo una cobija
y nos tapamos con ella porque empezó a correr un viento
fuerte.
-¡Ay!-gritó Albert.
-Qué pasó-pregunté
visiblemente asustada.
-Me quemé la lengua.
-jajaja-me causaba
gracia verlo sacar la lengua echándose aire con la mano-fuiste tú el que los
hizo muy calientes.
-Ya no te burles de mí que soy susceptible-hablaba
fingiendo estar molesto y miró a otro lado poniendo su taza en una
mesita-
-NO te molestes-hablé dejando la tacita a un lado-no me
gustas cuando te pones serio-al ver que no se reía empecé a hacerle
cosquillas.
-No me voy a reír-decía él muy serio pero por más que
trataba no podía contener la risa.
-¿¿Así??-pregunté haciéndole más
cosquillas.
-jajaja está bien basta me rindo, jajaja Candy ya basta
jajaja.
Albert empezó a moverse para evitar mis cosquillas y en una de
esas quedé encima de él, nuestras miradas se encontraron y un magnetismo nos
unió. El beso que empezó como tierno se fue convirtiendo en uno más apasionado,
pero las cosas no fueron más allá y nos separamos para evitar la tentación.
Albert me cobijó entre sus brazos y nos quedamos dormidos.
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“La boda de mis sueños”
Capítulo
7
-Tu
amigo es muy raro-me dijo el doctor Marín mientras limpiábamos la
clínica-cuando te fuiste estuvo sentado por media hora sin decir una sola
palabras. Después se paró y me preguntó cómo te conocí, luego me dijo que le
avisara a nadie sobre su llegada y se fue...ni si quiera dijo hasta luego, yo
fui a guardar unos caramelos y cuando vine ya no lo encontré...¿por qué es
así?
-Esa es su manera de ser, pero es muy bueno-por eso me enamoré de
él.
-¿Cómo lo conociste?-que curioso se había puesto y me echaba la
culpa de que lo había aprendido de mí.
-Estudiamos en el mismo colegio,
en Londres-contesté escondiéndole su botella de Whisky-luego él se vino
siguiendo su sueño.
-Es un actor muy famoso, muchas chicas mueren por
él...por eso se viste tan raro, si yo fuera tan simpático como él no me
escondería.
-jajaja a Terry no le gusta mucho que las personas anden tras
él.
-MI botella de Whisky-preguntó al ver que no estaba en su
sitio-Candy en dónde la has puesto.
-¿Yo?-me hice la desentendida y
seguí limpiando.
-estoy seguro que la dejé aquí-señalando su
escritorio-devuélvemela-habló parándose en mi camino-en dónde
está.
-En donde la ha dejado- contesté tratando de pasar por su
costado-ni que tuviera piernas para que se vaya.
-Por eso digo que tú la
has cogido.
-Me está llamando mentirosa-pregunté fingiendo que estaba
ofendida.
-No, pero la botella no puede haber desaparecido así por
así...¿en dónde la has puesto?-sin hacerle acaso me puse a limpiar en otro
sitio-Candy no te voy a dejar tranquila hasta que me digas....Candy en dónde
está...por amor de Dios Candy dime dónde está....es inútil que trates de
evitarme te seguiré hasta que me digas en donde está-debo reconocer que era
un hombre muy persuasivo pero yo era más terca que él-dime en donde la has
puesto...te aviso que no me voy a dar por vencido.
-jajaja-esa risa era
inconfundible-parece que se llevan de maravilla-entró y se quitó el
gorro.
-Claro que no señor-el doctor Marín estaba asustado-Candy y
yo no llevamos de maravilla, ¿verdad que sí?
-jajaja por eso siempre están
discutiendo
-No discutíamos en sólo que tenemos diferentes puntos de vista, y
yo...
-En el colegio nosotros también teníamos riñas similares y eso no
significaba que nos llevábamos mal-agregué para que el doctor Marín no se
ponga tan nervioso.
-Claro que no...nosotros nos
odiábamos.
-Terry-exclamé asombrada.
-jajaja no pongas esa cara
tarzán pecosa que se notan más tus pecas.
-Grosero, te repito otra vez que mi
nombre es Candy..Candy White Andrew .
-Futura señora Andrew -dijo sin
mirarme.
-Sí así que deja de ponerme apodos.
-Uy que irritable está la
futura señora, si quieres tener tiempo libre para planear tu boda será mejor que
nos apuremos.
De esa manera empezó el trabajo para la clínica. Estuve
trabajando dos semanas seguidas sin descanso alguno para tener todo listo y
presentar nuestro informe a la compañía Stratford. Todas las noches Albert iba a
verme al departamento para cenar y platicar sobre lo que habíamos hecho en
nuestros días.
****
-Esta vajilla es linda-en mis manos tenía
una vajilla color blanca con un labrado precioso-es sencilla y
elegante.
-Es muy simple..esta está mejor-La tía Elroy tenía en sus
manos una vajilla con muchos adornos.
-Que tal esta-la señorita Pony y
la hermana María tenían una con un cisne en el centro.
-NO se ve elegante
que la vajilla tenga animales-respondió la tía Elroy.
-¿Qué tiene de
malo?-preguntó la señorita Pony.
-No le dan una buena
apariencia.
-¿POr qué no? Yo creo que le dan toque hogareño.
Otra
vez se enfrascaron en una discusión. La señorita pony y la hermana María me
habían dicho que se sentían relegadas porque no fui con ellas a escoger el
vestido, tuve que explicarles que eso no era así. Como se enteraron que ya
teníamos nuestra propia casa, mis madres decidieron acompañarnos a Albert y a mí
para escoger los implementos de la cocina. La tía Elroy oyó que íbamos a ir y
también quiso venir con nosotros, pero como siempre sus gustos eran muy
diferentes.
La tía Elroy tenía los gustos muy distintos a los dela señorita
Pony o la de la hermana María, mientras que a ella le gustaban todas las cosas
con muchos adornos a ellas les gustaban las que tenían algún dibujo de animal.
No se decidieron al escoger la vajilla, tampoco para los cubiertos, mucho peor
para escoger los manteles.
Sentía que mi cabeza iba a explotar al escucharlas
hablar, busqué a Albert y lo divisé en la sección de pesca examinando una caña
de pescar. Albert me miró y le supliqué que me ayudara con ellas, porque no
dejaban de hablar y hablar defendiendo sus gustos.
Como el trabajo ya había
bajado decidí apartar un día completo para escoger los muebles de nuestra casa y
el sabor del pastel, pero esta vez lo haríamos nosotros solos, no queríamos
volver a repetir lo que pasó cuando fuimos a ver lo de la cocina. Albert tuvo
que meterse e invitarnos a comer pastel para que los ánimos se
tranquilizaran.
-Perdona mi amor-como de costumbre me había hecho
tarde-se me pasó el tiempo.
-Candy-dijo abrazándome-yo sé que el
trabajo en la clínica es muy importante, que es tu sueño pero recuerda que
tenemos muchos pendientes en nuestra boda...no quiero que te estés estresada, si
tu quieres lo podemos postergar.
-No-contesté poniendo mis manos alrededor
de su cuello-esto ya va a terminar muy pronto...ahora vamos que quiero
escoger las cosas.
Jamás pensé que escoger los muebles sería tan
difícil, yo quería un juego de muebles estilo campestre y él los quería mas
serios como los de una oficina. En algunas habitaciones de la casa yo había
planeado dedicarlas a una sala de bordado y a una enfermería pero él había
pensado en utilizar las mismas habitaciones para su despacho y la
biblioteca.
Teníamos ideas muy diferentes y la única manera de llegar a un
acuerdo era siendo flexibles con los gustos de ambos. Así que decidimos que una
habitación la usaría para lo que yo quisiera y la otra sería para él, después de
todo aún quedaban muchas habitaciones libres pero esas dos tenían una vista
preciosa del jardín. A mí me gustó un cuadro con dibujos abstractos pero a
Albert le pareció sin vida.
-Ese cuadro es bonito-no sé porque
pero me enamoré de ese cuadro desde la primera vez que lo vi.
-Yo no lo
veo forma-yo tampoco le veía pero el color azul y violáceo le daban un toque
precioso.
-Los colores que usa son lindos...por favor hay que
llevarlo.
-¿Estás segura?
-Sí..¿podemos llevarlo?-pregunté tomándolo
del brazo.
-Si a ti te gusta lo llevamos.
-...
-El pastel de
naranja y leche son los más llevados-nos explicaba el
panadero.
-Prueba este es con relleno de manjar y el otro de
Toffe-poniendo las cucharas en su boca-a mí me gusta el de manjar y
¿a ti?.
-Cualquiera los dos me parecen iguales-respondió sin mucho
interés.
-Pero Albert son distintos, cada uno tiene sabor
diferente...¿cuál te gusta a ti?
-Ya te dije.
-Pero tienes que
escoger uno...haber prueba de nuevo-
Insistí tanto que volvió a probar
las muestras pero fue igual, para él los dos sabores eran idénticos y no había
distinción uno del otro. Después de nuestro frustrado intento fuimos a nuestra
nueva casa, al llegar ya habían traído los muebles. La posición de ellos fue
otro tema de discusión, a mi me gustaba que los muebles estén todos juntitos
para poder sentarnos juntos pero él decía que debían estar separados para que
haya más movilidad.
-Más a la derecha-estábamos colocando el
cuadro pero Albert lo ponía muy torcido- más
abajo.
-¿Allí?.
-NO, levántalo un poquito...más arriba no
tanto.
-¿Ahora?
-Más a la izquierda...sabes amor yo creo que el pastel de
manjar era el más rico.
-Yo creo que son iguales-respondió moviendo el
cuadro-pero no quiero hablar de eso, estoy cansado sólo quiero
descansar-habíamos ido con la profesora de baile y Albert no
mejoraba.
-Un poquito más a la derecha, no son iguales el de manjar es
más delicioso.
-Mejor hablamos luego....no tengo cabeza para escoger el sabor
del pastel.
-No muy a la derecha, el de manjar puede ir relleno con
pasas.
-Candy....
-No lo pongas tan arriba...es más barato y
rápido.
-Candy...
-Tampoco hemos escogido el modelo que vamos a usar...lo
has movido mucho.
-Candy basta-dijo poniendo el cuadro en el piso-por
favor no hablemos de la boda por un momento.
-Pero aún faltan muchas cosas
que escoger, todavía no aprender a bailar y el panadero quiere que decidamos
cuanto antes lo del pastel para que lo tenga listo.
-Sólo un momento.
-Y
aún no decidimos el color de la decoración ni las flores.
-Oh por dios sólo
te pido un momento-se tocó la cabeza y salió de la habitación.
Esa fue
nuestra primera discusión y la culpa era mía por no haberlo escuchado. No tomé
en cuenta que él tenía mucho trabajo en el banco porque tenía que dejar todo
listo para nuestra luna de miel. Me sentía tan mal, jamás en nuestra vida
habíamos discutido. Pero eso sólo sería el comienzo de mi peor pesadilla.
Ese día no pude dormir pensando en Albert.
Capítulo 8