Los nervios la atormentaban, parada frente al espejo cerciorándose que todo este en orden no podía evitar sentirse muy tonta por su comportamiento. Un mes antes Anny y ella habían ido a la modista que la tía Elroy les había indicado para que puedan escoger su vestido. La que más se demoró en escoger el vestido fue Anny y ella se había reído por su indecisión,  por los nervios que tenía y por el rostro de aburrimiento de la dueña del local.

-Anny sólo llevarás un vestido y ya vas probándote como diez.
-Lo siento-pedía avergonzada la chica-es sólo que...no me decido por el vestido, todos son muy lindos.
-Si todos son muy lindos escoge al azar y vámonos ... me muero de hambre-rogaba no sólo por ella sino por todos los que se encontraban en el recinto, llevaban más de dos horas y aún ella no elegía nada.
-Cómo puedes ser tan despreocupada...esta fiesta es muy importante.
-Sólo es una fiesta-respondió sin ánimo de ofenderla.
-Pero es muy importante y emocionante..es tan romántico-hablaba tan emocionada mirando al cielo y recordando a su novio.
-Romántico sí pero emocionante....no creo, tú ya sabes que tu pareja será Archie.
-Anny se desilusionó un poco pero luego recobró el brillo inicial-eso es cierto pero podría aparecer alguien más, o puede pasar algo interesante...tú deberías ser la más emocionada porque no sabes quien te dará su clavel, ni sabes a quien le darás tu rosa.
-Las fiestas no me parecen muy emocionantes, en fin creo que terminaré dándole mi rosa a Archie.
-¿¿Qué??
-jajajaja no me mires con esa cara, Archie es mi familiar más cercano y tengo entendido que puedes dar tu rosa a un familiar.
-¿¿Y Albert?? No lo consideras tu familia o...lo vez con otros ojos.
-¿A qué te refieres?-preguntó sorprendida.
-umm no sé, últimamente no dejas de mencionarlo en todas tus conversaciones.
-¿Qué estás pensando Anny Britter?-contestó con las mejillas enrojecidas-Albert y yo somos...somos amigos...co..como hermanos...siempre hemos estado juntos-todos regresaron a mirarla porque levantó la voz. Candy se avergonzó mucho porque días anteriores ella y Albert habían venido para llevar el vestido de Elroy y habían estado bromeándose con la modista sobre algunos vestidos, Albert decía que esos modelos parecían salidos de una fiesta de disfraces por lo que su nombre era conocido-él es mi padre adoptivo.
-No por eso deja de ser hombre-añadió la modista-el señor Aldry es un hombre muy buen mozo y todo un caballero.
-¿Eh?-atinó a decir asombrada.
-Yo de usted no me descuidaría mucho en la fiesta pues se lo podrían quitar...tal vez yo pueda sumarme a la competencia-terminó diciendo, la modista era una viuda de unos 40 años, aproximadamente, con lindos ojos marrones y cabello lacio del mismo color. Tenía un gran corazón y  siempre donaba ropa al Hogar de Pony.
-...
-jajaja -reía Anny divertida por la expresión de Candy-por primera vez en mi vida veo que alguien ha conseguido dejarte sin palabra.
-Yo...yo-tartamudeaba avergonzada-debes apurarte porque debemos ir a cenar.
-Oh lo siento....había olvidado que Albert te invitó a cenar.
-¡¡Anny!!-lanzándole una mirada fulminante.
-Esta bien, esta bien me voy apurar...sólo porque quiero que no pierdas tu cita.
-No es una cita-contestó tratando de sonar muy natural-simplemente vamos a cenar porque...ha estado muy ocupado y no habíamos podido hacerlo.
-¿Y eso no es una cita?-repitió la modista-mi esposo tenía los mismos detalles...antes de pedirme matrimonio.-Candy dejó caer unas revistas que tenía en sus manos-jajaja no te sobresaltes yo sólo estaba hablando de “mi esposo”-enfatizando las dos últimas palabras-él también era un hombre de negocios pero siempre apartaba tiempo para mí y cuando no podía me compensaba invitándome a pasar una velada muy linda a la luz de la luna.
-Que lindo detalle, imagino que usted se quedaba despierta hasta tarde para asegurarse de que llegara bien-mirando a su amiga porque ella hacía lo mismo.
-Oh por su puesto no podía dormir sin saber que él había llegado sano y salvo...Éramos muy unidos, primero fuimos los mejores amigos, nos conocíamos a la perfección, lo compartíamos todo.

Aunque Candy quería disimular que se encontraba muy tranquila no podía, su rostro de tornaba de varios colores recordando que ella tampoco podía dormir sin saber que él ya había llegado bien. a pesar de que a veces llegaba en la madrugada, y que Albert siempre tenía esos detalles de” compensarla” cuando no se podían ver muy seguido .
Anny y la modista la miraban sonrientes al ver que vez tras vez meneaba la cabeza como tratando de espantar a sus pensamientos, tratando de negar lo evidente.
Ese misma noche Albert y Candy habían salido a cenar en un nuevo restaurante, la nueva adquisición de los Aldry. El lugar era simplemente acogedor, desde que entraban los recibían con mucha amabilidad, la luz tenue de las velas le daba un aire muy romántico.
-Albert es muy lindo-había dicho ella porque su mesa estaba en un balcón desde el que podían ver el parque de Chicago.
-Me alegro que te guste,  escogí esta mesa porque así podemos pasar una velada a la luz de la luna.
-cof, cof-Candy se ahogó al escucharlo hablar pues decía lo mismo que la modista.
-¿Te sientes bien?-preguntó preocupado.
-Eh..sí, no fue nada.
-Que bueno-contestó él acariciando la mano que ella tenía en la mesa.
-Ella se sobresaltó por el detalle y se puso muy nerviosa, parecía que él iba a escuchar que su corazón empezó a latir muy fuerte ante su gesto-“Cálmate Candy, sólo lo hizo porque estaba preocupado por ti nada más..él siempre te ha visto como su hermana a quien cuidar.. ”
-¿Ya tienes pensado a quien le vas a dar tu rosa?-preguntó haciéndola sobresaltar
-Eh..bueno...¿y tú?
-Eso no es justo-contestó divertido-yo hice una pregunta y tú me has respondido con otra. Si quieres que te conteste deberás responderme la mía.
-No te responderé hasta que tú me respondas.
-umm creo que quedaremos en suspenso hasta la fiesta-“¿A quién le darás tu rosa pequeña? Me gustaría por lo menos recibirlo en símbolo de amistad aunque yo...yo te entregaré el clavel con todo mi amor”
-Anny se demoró una eternidad al escoger su vestido…hubieras visto la cara que tenían, todos estaban aburridos creo que ya querían sacarla.
-jajaja
-A mí no me gustan las fiestas…pero Anny estaba muy emocionada.
-Por lo general a mí tampoco…pero esta fiesta…es distinta…sabías que tiene un origen en una leyenda.
-Umm no.
-Hace mucho tiempo en una apartada montaña había una pequeña rosa, nadie sabía como había nacido allí pero lo que sí sabían era que era no existía flor más hermosa que ella. Un día de crudo invierno se escuchó un sollozo, era la rosa que estaba muriendo por los vientos fuertes que constantemente la golpeaban. Agobiada y sin esperanza de sobrevivir cerró los ojos, de pronto sintió que ya no habían vientos al abrir los ojos vio a un clavel que la abrazaba. El clavel le dijo que no se rindiera que juntos podían sobrevivir, y así fue. Al verano siguiente toda la montaña estaba llena de claveles y rosas, pero lo curioso era que al lado de cada rosa había un clavel prtotejiéndola.
-Es una linda historia-respondió ella sorprendida por la forma en que el le contaba.

Una vez al año, por el mes de Julio se celebraba la fiesta de “La rosa y el Clavel”. La mayoría de jóvenes en edad casadera esperaban con ansia esta fiesta porque en ella podían conocer al hombre de sus sueños o cobrar valor y confesar sus sentimientos. Al llegar los invitados se dividían en dos grupos, las mujeres se sentaban a la derecha y los hombres a su izquierda. Para poder ingresar los hombres deberían traer un clavel rojo en su solapa y las mujeres una rosa del mismo color, si no traían la flor respectiva no podían entrar.  Cuando la música empezaba a sonar las parejas salían a bailar como una fiesta normal. Lo interesante consistía en que, antes de terminar la fiesta, cada uno debía entregar su flor a una persona en especial, podía ser su esposo, un familiar, un amigo o la persona de tus sueños. Algunos recopilaban varias flores, otros no recibían ninguna, pero debías bailar con la persona a la que le habías entregado la flor por lo menos una vez, más si ella te correspondía lo hacías toda la noche.
A Candy no le habían atraído las fiestas y esta tampoco. No obstante en los últimos días no había podido evitar sentir unos celos terribles, muchas chicas en edad casadera frecuentaban la mansión de Chicago para visitar a Albert.  Ahora Albert ya no pasaba mucho tiempo con ella porque estaba absorto en el trabajo y en atender a estas chicas, incluso Elisa estaba entre estas chicas. Candy estaba triste porque desde la última cena que había tenido con Albert, no había habido momento en que pudieran estar a solos, esta sería la primera vez desde hace un mes que podían estar un tiempo juntos.
Desde muy temprano había empezado a vestirse.  Usaría un vestido color champagne, con la blusa en forma de corsé, la falta era apegada de la cintura hasta la cadera luego caía en forma de campana. EL cabello lo llevaría sujeto en un chongo dejando caer algunos rizos. Como pendientes usaría un juego de diamantes. En el espejo se miraba vez tras vez para asegurarse de que ningún cabello se saliera de su sitio.
Para escoger su rosa se había demorado una eternidad, había ido a la mansión de Lakewood para poder escoger la rosa más linda del jardín de Anthony. Como no se decidía por una trajo todo un ramillete hasta la casa. Había procurado escoger la rosa más perfecta que había, hasta haberse decidido por un pimpollo con grandes pétalos y un lindo color rojo.

-toc, toc.
-Adelante-pidió entusiasmada pero su entusiasmo se esfumo al ver quien ingresaba a su cuarto.
-Wuauu Candy estás espectacular, te ves muy hermosa...si no estuviera de novio con Anny también me tuvieras a tus pies.
-Ni lo digas si Anny te escucha seguro tendré muchos problemas-respondió sonriendo dándose valor para hacer una pregunta-¿en dónde está Albert?
-Mi pobre tío está escapándose de todas sus admiradoras...si no me equivoco estaba buscando la manera de librarse de Elisa, jajaja te imaginas a Elisa como su esposa.
-¿A Elisa? No-contestó simulando la pena y celos que sentía.
-Ni yo, ese sería el colmo de todo-seguía hablando él sin percatarse de la mirada de Candy-si ella se viene a la casa yo tendría que ir a vivir muy pero muy lejos de aquí...
-Creo que es hora de irnos-lo interrumpió para no seguir escuchando un tema que le dolía profundamente-por primera vez no quiero que la tía Elroy me riña-le sacó la alengua para simular su pena.
-Se caerá de espaldas al verte.

Candy salió cogida del brazo de Archie hasta llegar a la sala donde los estaban esperando. Albert tenía una copa de Whisky en su mano mientras conversaba con George sobre algunos negocios. Un pequeña brisa de aire que se había filtrado por la ventana trajo a Albert un aroma inconfundible, al levantar su mirada se encontró con el verde intenso de ella. George se percato de la presencia de ella al ver que su interlocutor no le respondía a su pregunta.

-Se supone que debes ayudarla a bajar-habló George quitándole discretamente la copa de Whisky.
-Sin quitarle la mirada se acercó a ella-te vez muy hermosa esta noche-dijo besando su mano.
-Gracias-contesto ella ruborizándose al sentir sus labios en su mano.
-Es hora de irnos, los Aldry nos caracterizamos por nuestra puntualidad-dijo Elroy saliendo del recinto.

Durante el trayecto nadie dijo nada, Candy estaba muy nerviosa porque sentía la mirada penetrante de Albert y para disimular se entretenía mirando el paisaje. Albert no podía quitarle la mirada, sentía unos celos enormes al imaginar la de chicos que se iban acercar a ella. Por fin llegaron al local y Albert le ayudó a bajar, como era de esperarse Elroy y Candy se despidieron de ellos y se fueron al lado de las mujeres, Elroy llevaba una rosa pero ella jamás la entregaba simplemente iba por compromiso.
Al empezar la fiesta Albert fue atacado por un sin fin de hermosas chicas que le entregaron sus rosas, la primera fu Elisa por eso el primer baile fue con ella, aunque Albert trataba de librarse de sus fans no podía. Candy tampoco la estaba pasando de la mejor manera porque fue asediada por varios chicos y tuvo que bailar con ellos al sentir la dura mirada de Elroy.
Aprovechando que no había ningún chico a su alrededor y que Elroy estaba entretenida con unas amigas se escapó hasta un balcón, la luna brillaba cual pieza de plata. Parada en el balcón miraba tristemente su rosa, no había tenido oportunidad de acercarse a Albert. Había estado pendiente de él para ver si ya había entregado su clavel, y antes de retirarse del salón de baile había visto que ya no lo tenía en su solapa. Ella había asistido con la ilusión de que él se la entregara pero ahora estaba desolada.

-Fui muy ilusa al pensar que él me lo iba a entregar a mí-hablaba tristemente oliendo su rosa-habiendo tantas chicas lindas a su alrededor ...no importa-dijo armándose de valor-yo le entregaré mi rosa porque era para él, no importa si...
-jajaja-una estrepitosa carcajada la hizo sobresaltarse-una huérfana como tú le dará su rosa al tío William-habló despectivamente- él jamás se fijará en ti, será mejor que regreses al orfanato de donde viniste-diciendo esto Elisa se acercó a ella y le quitó su rosa-esto no sirve para nada, es insignificante como tú-rompiendo la rosa y arrojándola al piso-no te hagas ilusiones querida porque nunca tendrás oportunidad con él, él es mío y esta vez no dejaré que lo engañes como lo hiciste con Anthony-finalizó saliendo con una mirada de maldad.

Todo fue tan rápido que Candy no tuvo oportunidad de impedir que  rompa su rosa, las lágrimas se aglomeraron en sus ojos al ver los pétalos dispersos en el piso. Con mano temblorosa se agachó para recoger los pétalos caídos. Albert había visto cuando Candy se había retirado al balcón y la había seguido pero cuando vio que estaba con Elisa se ocultó para no tener que soportarla. El que haya estado oculto no había impedido que escuchara toda la conversación, más sus piernas no respondieron para ir a defenderla porque estaba conmocionado, si los nervios no lo traicionaban y Elisa había dicho la verdad Candy no lo veía como un hermano. Asegurándose que Elisa se hay ido, salió de su escondite. Allí, frente a él, Candy estaba recogiendo los pétalos dispersos.

-¿Qué sucede pequeña?-pregunto haciendo que Candy se levante abruptamente dándole la espalda y tratando de ocultar con su largo vestido los pétalos rotos.
-N...nada-habló  secando de manera discreta y rápida sus lágrimas y tratando de ocultar sus sollozos -yo..estaba mirando la luna-apretando con sus manos el baranda del balcón.
-La noche es muy bella, no es justo que la disfrutes tu sola...te haré compañía-acercándose más a ella.
-No...tú debes entrar, tienes que entregar tu clavel-respondió tristemente ahogando un sollozo-yo iré en un momento.
-Sabes que no me gustan las fiestas-poniendo sus manos en los hombros de ella-prefiero estar contigo-volteándola para que quede frente a él pero ella bajó la mirada-no hay otro lugar en el que me gustaría estar-con un dedo le levantó el rostro para que ella lo pueda mirar-¿qué sucede?
-N...nada-tratando de desviar la mirada pero él no se lo permitió.
-Eso no es cierto- secando sus lágrimas. Su mano se rehusó a quitarse de su rostro y empezó a acariciar sus mejillas, con un dedo delineó sus labios-¿por qué no confías en mí?
-No tengo nada-soltándose bruscamente de él al ver que no llevaba su clavel-debes regresar a la fiesta, la chica a la que le has dado tu clavel debe estar esperándote-no pudo ocultar sus celos y le dio la espalda.
-
-¿Estás celosa?-preguntó complacido por su actitud y acercándose más a ella
-...No.-cerrando los ojos para evitar que salgan las lágrimas.
-Ya te dije que no hay otro lugar en el que quiero estar, y no creo que haya alguien que me esté esperando porque aún no entrego mi clavel-volvió a voltearla para quedar frente a frente-no lo pude entregar porque ya tiene dueña, así como ella es la dueña de mi corazón, y de mi vida-acariciando tiernamente su rostro-
-...
-¿Tú ya entregaste tu rosa?
-...
-¿Qué pasó con tu rosa?-volvió a preguntar mirándola dulcemente-¿Ya la entregaste?
-No...
-¿Por qué?
-Elisa...la rompió-dijo desviando su mirada pero sin apartarse de él, ni rechazando sus caricias-nadie la va querer-muy triste porque el clavel de Albert ya tenía dueña.
-Yo la aceptaría-habló muy cerca de ella, poniendo una mano en su cintura atrayéndola más a él,  sin dejar de acariciar su rostro-siempre y cuando tú aceptes mi clavel-dejó de acariciar su rostro y sacó del bolsillo interior de su saco un lindo clavel-es tuyo… tú eres de dueña.
-Ahora fue el turno de Candy para quedarse conmocionada Albert estaba diciéndole que ella era la dueña del clavel así que ella sería la dueña de su corazón---yo...---en vez de palabras unas lágrimas rodaron por sus mejillas.
-¿Lo aceptas?-preguntó mirando sus labios.
-Ella asintió con la cabeza clavando su mirada en la de Albert--
-sí---dijo en un susurro.
-Te amo-dijo él acercándola más a su cuerpo.

Lentamente fue acercando sus labios a los de ella, viendo como cerraba los ojos y entreabría sus labios tembloroso en la espera del ansiado contacto. Su labios se encontraron produciendo una descarga en sus cuerpos. La besó con mucha ternura y delicadeza tratando de que ella no esté tensa y lo logró porque Candy levantó sus manos y las colocó en su cuello. Sentía sus labios un poco temblorosos y la acercó más a él. Una de sus manos viajaba libremente por su espalda mientras que la otra la sostenía de su cintura. Todo a su alrededor se esfumó y sólo existían ellos.
A pesar de que no quería separarse de ella tuvo que hacerlo por temor de que alguien viniera y hiciera un espectáculo, además no quería exponerla. Albert la cobijó en sus brazos, ella lo abrazó por la cintura y colocó su cabeza en su pecho. Los minutos pasaron sin que ellos se dieron cuenta, Candy sentía una fiesta de campanas en su interior.
Sin embargo Albert la apartó, Candy lo miró extrañada pero él le devolvió una linda sonrisa. Se agachó y tomó entre sus manos unos de los pétalos que estaban en el suelo.

-Esta rosa me pertenece-habló sonriendo sin dejar de mirarla besó el pétalo y lo guardó-
-Pero está rota...yo quería...darte una muy bonita, y lo era hasta que...-Albert no la dejó hablar pues puso un dedo en sus labios.
-Shh eso no importa-respondió tomándola de las manos-lo importante es que estoy aquí...contigo-colocando el clavel en sus oreja-y que te amo-abrazándola por la cintura.
-Yo también te amo-colocando sus manos alrededor de su cuello.
-Te amo tanto que no puedo vivir si tú no estás...¿te casarías conmigo?
-La proposición la tomó desprevenida. El hombre que amaba le estaba pidiendo matrimonio.  Una gran sonrisa iluminó sin rostro sin evitar que una lágrima llegara sin ser invitada---Sí.
-Mi vida ,me haces le hombre más feliz del mundo-abrazándola y dándole vueltas en el aire-ya no soportaba estar lejos de ti-poniéndola otra vez en el piso.
-Yo tampoco quiero estar lejos de ti... ni que todas esas chicas estén a tu alrededor.
-jajajaja yo tenía razón estás celosa.
-Presumido-dijo fingiendo estar molesta.
-Pero yo estaba más celoso al ver a todos esos chicos bailando contigo
-No tenías porque estarlo.
-Ni tú tampoco porque tú eres la única que habita en mi corazón... tú serás la rosa, yo seré el clavel y jamás nos separaremos..TE AMO-dijo antes de besarla sellando una promesa de amor eterno.
FIN

“Por Siempre Albert mi príncipe y mi gran amor”
“El clavel y la Rosa”
Por
“Jarerc Aldry”…Judith Oviedo


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