Las puertas de la mansión estaban abiertas de par en par, se
sentía pequeña e incompetente ante semejante fortaleza. Parada desde el portón
podía ver a varios sirvientes trabajando en el jardín. Los nervios la
traicionaban no quería entrar pero ya estaba allí, había hecho un viaje muy
largo y ahora no podía retroceder. La única familia que tenía era “él”, su
simple recuerdo la había acompañado por tanto tiempo, era lo único que la había
sostenido en esos días negros y angustiosos.
Armándose de
valor entró. A pasos muy lentos una joven de unos 25 años de ojos verdes, tez
clara, cabello lacio y marrón, que le llegaba hasta los hombros, se acercó hasta
la puerta principal, al pasar por el jardín no pudo dejar de admirar las
hermosas rosas que habían, el jardinero le había ofrecido una linda sonrisa en
señal de saludo lo que le elevó la moral. Su mano temblaba nerviosamente
mientras tocaba la puerta. A los pocos segundos la puerta se abrió dejando ver
al mayordomo.
-Buenas tardes señor-habló muy nerviosa
sosteniendo fuertemente su maleta como si al hacerlo podía eliminar su
miedo.
-Buenas tardes señorita-respondió extrañado al ver en la puerta
a una chica con vestimenta muy sencilla no porque la menospreciara sino porque
el color de sus ojos le recordaba a la señorita de la casa-¿en qué puedo
ayudarla?
-Eh...yo...bueno...se encuentra Albert.
-¿Albert?-repitió
tratando de recordar el nombre pero fue inútil-aquí no vive ningún Albert.
-¿No?...esta no es la casa de los Aldry.
-Sí pero....ya
recordé usted se refiere al señor William-“Ahora que lo recuerdo sólo hay una
persona que lo llama por su segundo nombre”-discúlpeme pero muy pocos
sabemos que ese es su segundo nombre, es más sólo hay una persona a la que he
escuchado llamarlo así.
-¿Se encuentra en la casa?-volvió a
preguntar.
-Me temo que no el señor ha salido en viajes de -contestó mas
sorprendido al ver la tristeza de la chica-y no sé cuando regresará
-¿Habrá alguien en la casa que pueda darme alguna
información?...por favor...es importante-pidió implorando.
-“La señorita aún
no sale, ella debe saber algo”
-La señora de la casa-refiriéndose a
Elroy-¿tampoco está?
-umm...pase-abriendo la puerta para que
pueda entrar-“La señorita jamás se negará a atenderla, tal vez
pueda ayudarla”-espere un momento-le indicó que tomara asiento.
Sentada en la sala se sentía más nerviosa que antes. Albert le
había contado que su tía a veces tenía un temperamento muy fuerte y era una
persona muy estricta. Miró su ropa y tristemente aceptó que eran muy humildes,
su peinado estaba desecho debido a las horas que había viajado. Rápidamente
trató de peinarse y de arreglar su vestimenta, no quería causar una mala
impresión.
El mayordomo salió de la sala en busca de la sueña de la casa,
aunque no se refería a la señora Elroy sino a la señorita. Elroy, Archie y
Albert estaban de viaje y sólo Candy se había quedado, por su trabajo de
enfermera voluntaria y por su jardín. En vista de que ella, Archie y Albert
extrañaban mucho las rosas de Lakewood habían decidido en hacer un jardín en la
mansión de Chicago.
Elroy se opuso al principio pues eso le
traía muchos recuerdos de Anthony pero no pudo hacer nada para impedirlo, cuando
los tres se juntaban no había poder humano posible en hacerlos cambiar de
opinión. Candy dedicaba su tiempo a su trabajo de enfermera y a cultivar el
jardín. Claro está también apartaba su tiempo para sus amigos, en especial a
Albert por quien había dejado de sentir un cariño de amigo y había crecido el
amor en su corazón. Ese mismo día había estado trabajando en el jardín junto al
señor Whitman, sin embargo debía ir junto con Anny ha recoger a la tía Elroy a
la estación por lo que debía cambiarse desde muy temprano si quería llegar a
tiempo y evitar una reprimenda. Bajaba muy apurada las escaleras porque se había
hecho tarde, otra vez, cuando se chocó con el mayordomo.
-Señorita.
-Lo siento Edison...estoy apurada porque
volví a hacerme tarde-habló sacando la lengua- ya veo la reñida que voy a
recibir-caminando apresuradamente.
-Espere-tratando de alcanzarla-hay
una chica que está buscando al señor Aldry.
-Pero él no se encuentra.
-Se lo dije pero ella insistió en conversar con alguien para saber
cuando regresa...parece que viene de muy lejos...no me pareció justo pedirle que
se vaya.
-Hizo muy bien--respondió sonriendo-unos minutos más no
será mucha diferencia porque de todas formas me van a reñir-retirándose a la
sala.
-Que alegría que ella sea una persona comprensiva...pero quién
será esa chica, sus ojos son iguales a los de la señorita Candy y conocía el
segundo nombre del señor Aldry, será mejor que regrese a mi trabajo esas cosas
no me competen y tengo que tener todo listo para la llegada de la señora
Elroy-con estos pensamientos se perdió por uno de los pasillos.
En la sala la chica miraba los hermosos
cuadros que habían en la pared para poder relajarse, los paisajes que había en
ellos eran hermosos, en uno pudo recordar las sabanas de África pues fue en ese
mismo continente donde lo conoció.
-Buenas tardes-la
voz femenina la hizo reaccionar.
-Buenas tardes madame-saludó haciendo una
reverencia sin ver el rostro de su interlocutor.
-Me dicen que está
buscando a Albert...
Al escuchar la
voz suave levantó la mirada y lo que vio la dejó estupefacta, frente a ella no
estaba la señora Elroy sino una joven de unos diecinueve años, de ojos verdes,
cabello rubio, algunas pecas se mostraban en su nariz y una hermosa
sonrisa adornaba su rostro. Sus nervios aumentaron notablemente, sería
posible que su viaje halla sido en vano, a pesar de nunca haberla visto la
conocía a la perfección pues Albert siempre había hablado de ella. Pero no podía
desanimarse, no había hecho un viaje muy arriesgado por la guerra para rendirse
por simples conjeturas, por su puesto que no.
-...Me temo que no la va a poder atender porque él está de
viaje-continuó hablando Candy muy sonriente-pero ya está muy pero muy
cerquita en regresar-contestó emocionada el simple hecho de saber que el amor
de su vida iba a regresar la ponía muy feliz-¿me puede decir quien lo busca
para avisarle?
-Yo-dubitativamente-...me llamo Betsabeth Urrutia
-armándose de valor-soy...soy su novia.
La sonrisa se
esfumó de su rostro, todo a su alrededor se derrumbó, la palabra novia retumbaba
en su cabeza y la hería como una daga de doble filo. Su interlocutor tampoco
estaba pasándola muy bien pues temía la reacción de la dueña de la casa.
-Disculpe ...cómo dijo-preguntó con la
esperanza de que haya un error o de que haya escuchado mal.
-Soy su
novia-volvió a repetir.
-Candy White Aldry-interrumpió una morena
entrando a la sala vestida muy elegantemente-como es posible que me hayas
hecho esto.
-Anny-dijo en un susurro pues sentía que se desfallecía.
-Se suponía que debías pasar por mi casa hace veinte minutos para
ir a recoger a la señora Elroy, como has podido dejarme plantada...la señora
Elroy se molestará...seguro debe estar esperándonos-hablaba sin darse cuenta
de la chica que estaba a su lado y del rostro descompuesto que tenía al escuchar
el nombre de la rubia.
-Estaba esperándolas-habló una mujer de
edad mayor entrando con una mirada muy dura-Candice de nada ha valido todas
las clases de etiqueta que has llevado porque no te comportas como una
dama-dijo de forma muy dura-Ay Dios, William y sus caprichos-meneando
la cabeza.
-Lo siento tía Elroy-pidió con la cabeza gacha, tratando de
ahogar sus sollozos no por la reprimenda sino por la noticia de que su amor
estaba comprometido-no fue mi intención...
-Basta, no quiero
escuchar más excusas de tu parte, ya estoy harta de todas ellas...¿y
tú?-habló despectivamente por la chica que se encontraba parada sin decir
nada-la servidumbre entra por la puerta de atrás-mirándola de pies a
cabeza-el hecho de que William te haya dado autoridad completa para hacer
las modificaciones que quieras no significa que vas a llenar la casa de
sirvientes-dirigiéndose a Candy, en ese momento Anny recién se dio cuenta de
su presencia y del parecido de ojos que tenía con su amiga-Si necesitabas un
dama de compañía debiste haber consultado conmigo, a pesar de tu posición sigo
siendo la dueña de la casa, además casi nunca utilizas una dama de compañía y ya
tienes dos no necesitas una más.
-Se equivoca tía Elroy-contestó con
nostalgia-ella no es mi dama de compañía...
-Entonces está
sobrando, que le den un plato de comida más su propina y que se marche, quiero
descansar, no puedo creer que siempre tenga que discutir contigo...a ese paso
jamás llegarás a ser una buena matriarca y no podrás reemplazarme nunca,
creo que mis esfuerzos son en vano contigo.
-Perdóneme no fue mi intención, de verdad lo
siento-con mucho dolor en su corazón pero aparentando ser fuerte-la
señorita aquí presente no es ni mi dama de compañía tampoco está buscando
trabajo....ella...-suspiró dándose valor.
-Habla muchacha..
Pidió Elroy preocupada por el leve color
pálido que tenía, a pesar de mostrarse muy dura con Candy, ella la quería como
su hija pero deseaba que Candy se convierta en una dama y sea su sucesora.
Desde que se enteró que ella había cuidado a Albert en su estado amnésico le
pidió que la traiga a vivir con ellos para hacerse cargo de su educación. Apoyó
su decisión de que estudie enfermería porque le debía mucho a esa profesión, ya
que le había salvado la vida de su nieto. Mas no por eso se libro de todas las
clases de etiqueta que había estudiado.
-Es de mala
educación no terminar la frase-siguió hablando tratando de disimular su
preocupación.
-Ella..es la novia de Albert-dijo al momento que cerraba los
ojos para contener las lágrimas.
-¿Qué?-exclamaron a la vez Anny y Elroy.
-Esto debe ser un error-dijo poniéndose su lente para mirarla
mejor-¿¿tú??-mirándola de los pies a la cabeza escudriñándola
completamente-es imposible, seguro estás buscando el dinero de los
Aldry....quieres embaucarnos ahora que él no está en la casa...pues no lo
permitiré.
-Se equivoca señora-recién habló la chica-eso no es cierto
me está acusando de algo que es totalmente falso, yo....
No puedo seguir hablando porque Elroy se puso mal y casi se
desmaya, Candy y Elizabeth corrieron a sostenerla.
-Soy enfermera puedo atenderla.
-No me
toques-botando su mano y mirándola con cólera-Candy es la mejor enfermera
que existe-aferrándose a Candy-no hay nadie mejor como ella...no quiero
nada que venga de ti porque por tu culpa estoy así...
-Cálmese tía
Elroy-pidió Candy dulcificando su voz-Anny por favor ayúdame a llevarla a
su habitación, ¡Doroty!-llamó y en seguida apareció la doncella.
-Señora Elroy, ¿qué sucedió?
-Se le ha bajado la presión-tomando su
pulso-llama al doctor para que venga a examinarla.
-Enseguida.
Doroty salió corriendo en busca del doctor, mientras que Anny y
Candy llevaron a Elroy hasta su habitación. Con mucho cariño Candy la recostó en
la cama a la espera del médico. Anny no se atrevía a decirle nada a su amiga, la
conocía muy bien y se daba cuenta de que la noticia la había conmocionado mucho.
Candy sufría interiormente porque Albert no le había dicho que tenía una novia.
-“¿Por qué permitiste que me haga ilusiones contigo?, todas
las clases de la tía Elroy las soporté por ti, porque quería que estuvieras
orgulloso de mí...¿por qué Dios mío? ¿por qué me volví a enamorar?”sus
lágrimas empezaron a salir de sus bellos ojos.
-toc, toc
-Adelante-pidió Anny dándole tiempo a Candy para que seque sus
lágrimas.
-Señoritas buenas noches-saludó el médico entrando a la
habitación.
-Buenas noches doctor Oviedo-respondió Candy al hombre de unos
49 años, cabellos negros y aire latino.
-¿Qué ha sucedido?-acercándose a Elroy
quien estaba recostada en su cama mirando con discreción todos los
movimientos de Candy-su pulso está muy acelerado-examinándola-la
presión ha vuelto a subir.
-Hoy tuve un disgusto muy grande.
-Perdóneme tía Elroy, no fue mi intención-pidió con la cabeza
gacha.
-No es por ti a quien me refiero..sino a
esa...intrusa-volviendo a enojarse.
-Tranquilícese no es bueno que se exalte,
deberá tomar estas pastillas que he traído -sacando un sobre de su
maletín-para que la presión se normalice y no debe tener más disgustos,
recuerde que usted sufre a la presión...señorita Aldry debe cuidar mucho a su
tía-le riñó el médico-no es bueno que a su edad sufra colerines.
-Si doctor.
-Ella me cuida a la perfección pero no puede
evitar algunos disgustos innecesarios.
-Me alegro, ahora debe descansar, señoritas
debemos retirarnos.
-Descanse tía-se despidió Candy besando su frente-no
se preocupe por nada...yo me haré cargo-conteniendo las lágrimas.
-Ya no piense más en el asunto-dijo Anny.
-Esta
bien-respondió Elroy con una fingida sonrisa porque ella conocía el gran
corazón de Candy y era seguro que esa “intrusa” se quedaría a dormir esa noche
en la mansión. Eso no lo podía soportar no había educado a Candy para que sea la
esposa de William, claro sin que ella lo sepa, para que venga otra y le quite su
lugar.
-Por favor -dijo el médico llegando a la puerta-debe cuidar
mucho a la señora Elroy, recuerde que su salud es muy delicada...usted como
enfermera debe saberlo muy bien.
-Descuide doctor nosotras nos
encargaremos-respondió Anny porque Candy estaba inmersa en sus pensamientos.
-La trataremos como una reina-simulando su tristeza y brindando
una sonrisa.
-Eso espero sino el señor Aldry la dará una buena
reprimenda-dijo en son de broma sin saber que al mencionarlo le causaba mucho
dolor.
-Disculpe -interrumpió el mayordomo portando una pequeña
bandeja y en ella una papel con una pluma-aquí está lo que me pidió.
-Gracias-dijo Candy firmando el papel y escribiendo una
cantidad que indicaba el pago de los servicios del
médico-tome-extendiéndole el papel-lamento no darle efectivo
pero...no hemos retirado dinero del banco-sin mencionar el nombre de Albert.
-Descuide será un buen motivo para dar un paseo-contestó
tomando el papel y guardándolo en el bolsillo de su saco-si sucede algo no
dude en avisarme sin importar la hora.
-Gracias-respondió ella devolviéndole la
sonrisa.
El médico se fue y el silencio invadió el
lugar. Un sin fin de pensamientos se aglomeraron en su cabeza. Dudaba en lo que
tenía que hacer pero ahora que Elroy estaba en cama ella debía hacerse cargo de
la situación, que era muy dolorosa. Sintió que alguien la miraba y sin
regresar a mirar dio un hondo suspiro para armarse de valor y no dar a notar que
la noticia le afectaba. Ahora nadie debía saber de sus sentimientos, los tiraría
muy lejos y actuaría como si estuviera en una reunión de negocios. Recordó que
Elroy le había enseñado a mostrarse impersonal cuando estaba frente a un
problema así que poniendo en práctica sus tantas clases miró a Anny.
-¿Me acompañas?-sonriendo-quiero ser
la primera en enterarme de las primicias.
-Candy..tú..
-Quiero saber todo y
jalarle las orejas a Albert por no haberme prevenido-bromeándose para no
mostrar las ganas de llorar que tenía e impidiéndole hablar.
-Sí-asintió Anny,
era inútil decirle algo más por lo que la siguió en silencio.
En la sala Betsabeth había visto y escuchado toda la escena,
ahora todo estaba dicho esa chica era la esposa de Albert y ella estaba demás.
Se maldecía internamente por haber venido a perturbar la paz de esa familia.
Pero que podía hacer no tenía a nadie más en el mundo, él era lo único que le
quedaba. Vio venir a Candy y se acercó a ella.
-Lo siento mucho, créeme que no fue intención-dijo
disculpándose-no quise venir a perturbar tu hogar.
-Tranquila-respondió Candy sin mostrar sus sentimientos-por
favor tome asiento hay cosas que tenemos que hablar-haciendo un esfuerzo
enorme para no llorar.
-Yo...lo lamento...jamás fue mi intención
molestarlos...no quise perturbar tu matrimonio.
-¿A qué se
refiere?-preguntó asombrada.
-A tu matrimonio con Albert, yo no sabía que
se habían casado por favor olvida que he venido.
-Yo no soy esposa de
Albert-respondió secamente fingiendo indeferencia cuando en realidad ese
había sido su sueño.
-¿No?-sintiendo que volvía el alma a su
cuerpo-pero y ¿tú nombre?
-Yo también pertenezco a los
Aldry-ofreciéndole una sonrisa dolorosa.
-¿Qué? eso no puede
ser-“Albert jamás mencionó que fueran de la misma familia”.
-Yo fui adoptada por
los Aldry...mi historia familiar en este momento no importa-continuó hablando
sorprendiendo a su amiga por la frialdad con la que hablaba y a Betsabeth porque
Albert siempre habló de ella como una chica dulce, incluso cuando recién la
había visto comprobó que era cierto pero ahora se comportaba muy diferente,
parecía que era otra persona-imaginarás que es muy difícil para nosotros
creer que eres la novia de Albert-la chica agachó la mirada por su
ropa-no lo tomes a mal no lo digo por tu posición social, sé que eso a
Albert no le importa-esforzándose por sonreír-sin embargo nos sorprende
porque él jamás nos mencionó que tenía novia, mucho menos dijo que iba a
venir...espero puedas comprendernos.
-Lo sé-respondió-...
-Ahora que la tía
Elroy no está disponible yo soy la encargada de la casa-“Aunque diera lo que
sea para no estar en este lugar”- Bien espero una explicación-sin bajarle
la mirada aparentando estar tranquila.
-Esta bien-dijo Betsabeth, la mirada que
tenía Candy la desconcertaba pues se vía muy seria más no se daría por vencida
ella era toda una mujer y Candy era una jovencita- conocí a Albert en
África..yo era enfermera de la pequeña clínica en la que él trabajaba, desde que
nos conocimos congeniamos muy bien porque ambos amamos la naturaleza y los
animales-relató con un brillo especial en sus ojos cosa que entristeció a
Candy-él siempre hablaba de ti pero jamás dijo que pertenecías a su
familia.-“No había día que no te mencionara ahora veo porque estuvo
conmigo...tenemos el mismo color de ojos...yo sólo fui un consuelo para él”.
-¿Luego?-preguntó Candy apretando nerviosamente sus manos.
-Al pasar los meses nos hicimos novios, por ese tiempo llegó
una carta en la que le pedían que regrese a Chicago porque era tiempo de
que asuma su papel como el cabeza de los Aldry, él regresó y prometió que
enviaría a alguien por mí. El tiempo pasó y yo no supe nada de él, hasta hace
unos meses cuando recibí la carta de una amiga contándome que hace dos años
llegaron buscándome en nombre de William Aldry, mi amiga no sabía mi dirección
por eso no pudo avisarme antes. Yo no estuve cuando me fue a buscar porque mis
padres habían enfermado y tuve que regresar a Italia para cuidarlos...el mes
pasado murieron y yo ya no tenía a quien cuidar así que estaba libre para poder
venir...y bueno me tienes aquí....siempre me pregunté porque no me buscó
inmediatamente.
-Albert no te buscó cuando regresó a América porque perdió la
memoria -
-Oh por Dios-exclamó horrorizada poniendo sus manos en su
boca-cómo pasó.
-El tren en el que viajaba fue bombardeado...felizmente llegó al
hospital en el que trabajaba y pude cuidarlo hasta que recuperó la memoria.
-Fue allí cuado te adoptó...en muestra de agradecimiento-agregó
en voz baja pero Anny pudo oírla.
-Claro que no, Candy es hija de los Aldry
desde que era una niña...hace mucho tiempo-habló molesta porque esa chica
estaba lastimando a su amiga.
-Lo lamento no fue mi intención ofender.
-Entiendo-bajó la mirada para pensar en lo que había escuchado,
la chica se oía sincera ahora estaba en sus manos la decisión-siento mucho
lo de tus padres-habló mirándola a los ojos tratando de mostrase muy
impersonal al tema que estaban tratando pero no era fácil pues ella no era
así.
-Gracias...yo...yo amo mucho a Albert.
-¡¡Va!! Esos son
puras mentiras-dijo Elroy entrando y poniéndose frente a ella-en este
preciso momento te regresas por el mismo camino en que viniste....no te quiero
volver a ver en mi vida, no tienes ningún derecho a estar aquí...lo único que
quieres es nuestro dinero-empezando a alterarse.
-Se equivoca
-habló molesta de que la estén acusando de querer ganar dinero fácil, aunque
era una persona de escasos recursos siempre había sido una persona trabajadora
que había logrado salir adelante-mi amor por Albert es sincero.
-Eso es mentira
conozco a las de tu clase-tres sirvientes se acercaron a Elroy- no eres
la primera que viene con este cuento, pero siempre he protegido a mi
familia...no permitiré que vengas a vivir cómodamente por el dinero ganado
honradamente de mi familia.
-No es verdad.
-Cállate..
-¡Me está acusando de algo totalmente falso!-levantándose de la
silla...
-No te permito que me levantes la voz mucho menos en mi casa-le
abofeteó la mejilla izquierda con mucha fuerza.
-Tía Elroy por favor
cálmese-pidió tomándola del brazo-debe ir a descansar, déjeme a mí
solucionar esto.
-De ninguna manera-soltándose de Candy-¡¡saquen a esta
mujer de mi casa!! y llévenla a la comisaría...que le metan a un calabozo...
-Señora le juro que le digo la verdad-decía atemorizada al ver
la cólera en sus ojos y que los hombres se acercaban a ella.
-¡¡No quiero volver
a verte en mi vida!!, ¡¡no quiero saber nada de ti!!...qué esperan para
llevársela.!! Que la traten como se merece, como una vil tramposa...¡¡Fuera de
mi casa!!...vótenla
-¡No!-dijo Candy interponiéndose entre
los hombres y Elroy para que no la toquen.
Betsabeth se
quedó anonadada al ver que Candy se estaba arrodillando frente a Elroy y no fue
la única todos se sorprendieron mucho al ver lo que hacía.
-Por favor tía Elroy-le pedía suplicando con los ojos llorosos,
Candy no podía ver como trataban mal a Betsabeth a pesar de que ella su rival en
el amor-no lo haga, no la mande a prisión-era conciente de que si se la
llevaban la iban a tratar muy mal.
-Candy-hablaron todos asombrados.
-¿Qué haces?-acercándose a levantarla-¿te arrodillas por
ella?-mirándola asombrada.
Como era posible de que esté defendiendo a esa mujer, Elroy era
conciente del amor que ella tenía por Albert y ahora estaba protegiendo a una
mujer que había venido a quitarle al hombre de su vida. Simplemente se quedó sin
palabras y su admiración por Candy creció, pues estaba sacrificándose por ella a
pesar de no conocerla y de saber que Albert ya no estaría para ella.
-Levántate, no quiero ser la causante de tus
penas-secando sus lágrimas, gesto que asombró a todos-¿por qué la
defiendes?
-Tía Elroy, nosotros no sabemos si ella está mintiendo pero ¿y si
en realidad está hablando con la verdad? Albert no nos perdonaría el haberla
botado o mandarla a la comisaría...por favor tía Elroy..permita que se quede
aquí con nosotros-le tomó la mano-por lo menos hasta que venga Albert, él
dirá si lo que ella dice es cierto o no...por favor tía.
-De ninguna
manera...es inconcebible
-Si es una farsante nos convendría tenerla
cerca para vigilarla.
-Estando en prisión no nos hará falta perder
el tiempo con ella...estará donde merece
-Por favor tía, Albert se pondría muy
mal-trataba de hacerla entrar en razón-se lo ruego
-....
-Esta bien-habló
Elroy al ver que Candy se iba a volver a arrodillar-sólo porque mi sobrina
me lo pide te quedarás en esta casa, no quiero que ella se arrodille por ti
porque no lo mereces...te quedaras pero no quiero encontrarte en mi camino, no
podrás comer con nosotros porque no eres bienvenida a esta casa, si quieres algo
deberás buscarlo por ti misma los sirvientes no te atenderán a ti, que te quede
claro que te quedas sólo por que Candy así lo desea...aunque resultara cierto
que seas la novia de William, jamás, óyelo bien jamás en mi vida tendrás mi
aprobación o bendición-diciendo esto se alejó de la sala.
-Anny por favor
acompáñala...¿Doroty?
-¿Si señorita Candy?-se acercó presurosa
preocupada por la actitud que había tomado su amiga.
-Llévale un té a mi
tía para que pueda dormir.
-En seguida señorita,..desea que prepare
otra habitación.
-Yo me encargaré.
-Esta bien-alejándose del lugar
dejándolas solas.
Las miradas de las dos chicas se
encontraron. Pero Candy no podía demostrar que lloraba porque le dolía la
noticia de que sea la novia de Albert así que volvió a tomar su trato
impersonal.
-Pueden retirarse-les indicó a los
sirvientes que habían quedado pegados en el piso-por favor sígueme-le
dijo a Betsabeth.
-Sí-dijo ella tomando su maleta.
En silencio la empezó a seguir, aún no
salía de su asombro le parecía imposible que Candy haya hecho eso por ella.
Albert no se había equivocado al describirla pues había demostrado tener un gran
corazón. Entraron a un cuarto y Candy prendió la luz. Betsabeth pensaba
que le iba a dar un cuarto sucio y viejo pero se equivocó pues el cuarto era muy
bello. Estaba entretenida admirando la habitación por eso no se dio cuenta que
Candy había ido a buscar unas sábanas y ahora estaba tendiéndolas en la cama que
iba a usar ella.
-No lo hagas- se acercó a quitarle las
cubrecamas para tenderlas ella misma.
-Perdona que no tengamos una habitación
lista pero no esperábamos visitas...no fue mi intención llamarte
farsante...dentro de tres días AL..William-decidió no volver a usar el nombre
Albert porque él jamás lo volvería a ser para ella, de ahora en adelante sólo
sería su tío abuelo William-regresará y se aclarará todo este mal
entendido-ofreciéndole una sonrisa sincera porque entendía como debía
sentirse-pediré que traigan tu cena-sin esperar a que ella dijera algo se
retiró de la habitación.
-Candy-la llamó-¿por qué lo
hiciste?¿por qué me ayudaste?
-Él ha hecho mucho por mí es hora de
devolverle el favor...no puedo ser una hija mal agradecida-haciendo una mueca
graciosa-se enfadaría mucho, ya les he hecho pasar muchas rabietas...que
descanses.
-Gracias, muchas gracias..estaré eternamente agradecida.
-No hay de que...se pondrá muy feliz de verte-cerrando la
puerta tras de sí.
-Lo dudo mucho..pude ver el brillo en tus
ojos cuando me contabas que ya faltaba poco para que regrese y el cambio que
diste al saber que era su novia...Albert-acostándose en la cama-mi amor
que pensarás al verme aquí...aún no puedo creer que estoy aquí en tu casa...ya
vi que no exagerabas con respecto a Candy, siempre estuve celosa de ella porque
jamás dejabas de mencionarla, ahora que la conozco me he dado cuenta de que es
una excelente persona..yo jamás podría haber hecho lo que ella hizo, no le
importó humillarse por mí para que evite ir a la cárcel...ya no estoy tan segura
de haber tomado la decisión correcta...¿me seguirás amando? O ¿algún día me
amaste? Creo que sólo fui un consuelo.
Atormentándose por las dudas abrió su
maleta para acomodar su ropa en el closet. Candy caminaba a la habitación de
Elroy cuando se encontró con Anny.
-Le diré al chofer
que te lleve a tu casa.
-Candy-tomándola de la mano pues ella le
había dado la espalda-no trates de ocultarme la verdad....te conozco y
.....sé que te duele todo esto...porque...tú amas a Albert.
-Un sonrisa
fingida apareció en sus labios para convencer a su amiga que eso no era
cierto-Él es muy especial para mí pues es mi mejor amigo..y lo quiero pero
no de la manera como tú piensas...la noticia me afectó porque me tomó por
sorpresa, es sólo eso...ahora vamos porque ya es tarde y deben estar preocupados
en tu casa.
-Candy...
-No tienes de que preocuparte...iré por el
chofer-caminó en otra dirección para evitar la conversación.
-....
-Ya está listo Anny,
te están esperando para llevarte.
-Sabes que puedes contar conmigo para lo que
sea-tomándole la mano.
-Lo sé, deja de preocuparte por mí pues
estoy bien, dentro de tres días llegará y las cosas con la tía Elroy se
solucionarán vas a ver que terminará aceptándola...saluda a tus padres de mi
parte.
-Gracias-dijo no muy convencida, ella sabía lo testaruda que
era Candy y que se estaba volviendo a sacrificar tal como lo hizo por Susana.
Candy se quedó parada en la puerta para ver como se alejaba el
carro, miró hacía su jardín y sintió un gran vació en su corazón. Caminando con
lentitud hasta el jardín no se dio cuenta de que unos ojos verdes la miraban
desde arriba. Betsabeth veía como ella caminó hasta el jardín y se sentó en una
banca sin importarle el frió que hacía.
Imaginado que estaba sola las lágrimas
empezaron a salir. Se sentía muy ilusa al haberse enamorado de su tutor. Pero
quien no se iba a enamorar de un hombre como él, atento, servicial, cariñoso y
alegre. Del bolsillo de su falda sacó un prendedor, el mismo que hacía años
encontró y le daba fuerzas para seguir adelante.
-Nadie jamás debe saber mis sentimientos hacia ti...tú siempre me
verás como una hija y yo deberé empezar a verte como mi padre-hablaba mirando
el prendedor dejando caer las lágrimas por sus mejillas-debo ser
fuerte...Anthony a ti te perdí de una manera muy trágica, lo mismo que a Terry
pero...no puedo decir que a ti te he perdido pues jamás te tuve...ni si quiera
por un momento...me hubiera gustado que por lo menos, por un momento, me
hubieras visto con otros ojos.
-...
-No es bueno que esté afuera sin un
abrigo-habló el señor Whitman poniéndole un abrigo por sus hombros-
-Gracias-respondió ella sin mirarlo.
-Las gracias están
de más, no quiero que mi jefa favorita se enferme-trataba de animarla pues
había escuchado toda la conversación. Aparte de Elroy él también se había dado
cuenta del amor que tenía para con Albert-los problemas parecen más fáciles
después de haber dormido bien-dijo alejándose.
Betsabeth se asombró al ver el gesto del jardinero, no podía
ver exactamente lo que Candy hacía, mucho menos escuchar la conversación entre
ellos por lo que decidió acostarse a dormir, bueno tratar de dormir.
Candy regresó a su cuarto después de confirmar que Elroy dormía
plácidamente. No pudo conciliar el sueño pensando en que las cosas habían pasado
demasiado rápido, hasta hace unas horas era la mujer más feliz del mundo porque
faltaba poco para que Albert llegara pero ahora...ahora sufría al saber que él
iba a regresar e iba a estar con su novia.
La mañana llegó más pronto de lo que
Candy hubiera querido pues recién acababa de conciliar su sueño. Con mucha
pereza salió de su cama para cambiarse de ropa e ir a ver como había amanecido
Elroy. Felizmente ella había dormido como un bebe, no habían signos de la
presión había vuelto a subir.
A Betsabeth le había pasado lo mismo que
Candy, más ella se levantó, no por tener algún pendiente que hacer, sino
preocupada por saber que es lo que iba hacer en esos dos angustiosos días que
faltaban para que Albert regresara. Por evitar encontrase con Elroy se dirigió a
la cocina, conforme se acercaba escuchaba unas voces riéndose.
-jajaja si te viera la señora Elroy seguro se molestaría al ver lo
sucia que estás-habló Doroty.
-Felizmente aún sigue durmiendo.
-Y no viene muy seguido por la cocina-agregó Martha la
cocinera.
-Se puede saber a ¿quién quieres envenenar con tu torta?-habló
el panadero
-Jajaja no soy tan mala cocinera...dices eso porque no has probado
mi torta, si no te cuidas seguro te quitaré tu trabajo.
-Uy José ya te
sentenció-reía Lucy-Candy se vengará de ti por haber hecho ese
comentario.
-jajaja-reían todos, haciendo que Candy olvidara su tristeza
por lo menos por un momento.
-El señor Aldry dice que sí eres mala
cocinera por eso cada vez que ustedes cocinaban él terminaba haciendo
todo-habló pero luego se arrepintió al ver que su sonrisa desaparecía.
-Buenos días-entró Betsabeth a la cocina.
-Buenos días
señorita-respondieron los sirvientes regresando a sus quehaceres.
-No se incomoden por mí-habló al ver que todos la miraban con
rareza y se alejaban de ella-no quise incomodarlos.
-No tiene porque
darnos explicaciones señorita-respondió Martha-nosotros ya debemos
regresar a nuestros trabajos pues sólo estábamos cumpliendo las órdenes del
señor Aldry, cuidar mucho de Candy..
-Por eso evitábamos que hiciera un incendio
ya que se le antojó que hoy quería preparar una torta.
-Cuando pruebes mi
torta vas a ver que te darás cuenta de lo equivocado que estabas....Espero hayas
dormido bien-dirigiéndose a Betsabeth “Por lo menos imagino que has dormido
mejor que yo”
-Sí gracias.
-Me alegro, Betsabeth te presento a Doroty
ella se encargará de que no te falte nada pues yo debo irme a mi trabajo...si
deseas algo sólo debes pedírselo a ella
-De ninguna manera la señora Elroy se
molestará.
-A quien no debe enfadar nunca es a Candy pues todo se hace
como ella dice-decía bromeándose José-a mi ya me sentenció.
-jajaja no le hagas
caso está bromeándose porque no puede aceptar que haya alguien que prepare mejor
las tortas-hablaba sonriendo sin mostrar cuanto le dolía su presencia-
por la tía Elroy no te preocupes porque hoy debe salir a ver algunos negocios,
así podrás salir de tu habitación sin temor a encontrártela y pasar un mal rato.
-Gracias pero prefiero quedarme en mi cuarto.
-Como gustes.
-Candy es hora de que vayas a cambiarte si quieres llegar
temprano.
-Gracias Lucy.
-Y deberás volver a bañarte pues toda tu
ropa tiene harina-dijo José.
-Eso fue por culpa tuya.
-¿¿Mía??
-Claro fuiste tú quien me tiró la harina.
-Pero tú
respondiste.
-jajaja no esperabas que me quede sin hacer nada o ¿sí?
-Bueno niña basta de charlas que vas a llegar tarde si no te
apuras.
-Sí...Lucy por favor no te olvides de llevarle una porción de
torta a la tía Elroy antes de que salga, el resto la pueden comer entre todos
para que vean que no cocino mal....nos veremos luego-salió corriendo de la
cocina.
-¿Desea que le llevemos el desayuno a su cuarto?-preguntó
Doroty a Betsabeth.
-No gracias...¿puedo tomarlo aquí?
-Como desee señorita.
-Por favor no me digan señorita...soy igual
que ustedes, además a Candy no la tratan así y eso que ella es la señorita de la
casa.
-Eso es muy distinto-habló Martha a quien no le terminaba de
agradar Betsabeth pues la consideraba como una intrusa-...
Todos los sirvientes estaban al tanto de quien era ella y
estaban molestos por su aparición pues ellos querían que Albert y Candy estén
juntos ya que habían visto lo bien que se llevaban.
-...la señorita Candy es nuestra amiga, la conocemos desde hace
mucho y tenemos una bonita amistad con ella...además el señor Aldry nos dio
autorización para llamarla por su nombre de pila, aunque claro frente a la
señora Elroy eso es imposible.
-La quieren mucho ¿verdad?
-Por su
puesto-intervino José-es la mejor persona que conocemos, siempre se
preocupa por nosotros, sabe los que nos pasa y nos ayuda, no es nuestra patrona
sino nuestra amiga...fue ella quien me dio trabajo.
-Aquí está su
desayuno-se apresuró a intervenir Doroty pues sabía que a sus amigos ella no
les agradaba.
-Deja ese servicio, anda ve si a la señora Elroy se le ofrece algo
porque ayer se puso muy mal y no quiero que recaiga estando sola en la
casa-mirando de reojo a Betsabeth-yo lavaré lo que utilizó Candy.
-Gracias Martha-respondió Doroty pidiéndole de forma discreta
que ya no le siga lanzado indirectas a Betsabeth.
Candy estaba alegre de llegar al hospital por lo menos
trabajando podía dejar de pensar en Betsabeth y Albert. Decidió quedarse
un rato más en el hospital para ayudar a las enfermeras y no encontrarse con
Betsabeth.
-Candy, Candy-la llamaba un joven vestido
de vaquero.
-¿Qué?...Tom-saludó alegre.
-Eres una enfermera
muy distraída vengo siguiéndote desde hace rato y tú ni cuenta te has dado.
-Lo siento-sacando la lengua y golpeándose la cabeza-quién
está enfermo para que estés en el hospital.
-Nadie, venía acompañando a mi padre
para que se haga su control médico, aún no le pierde el temor a las doctores.
-jajaja...uy olvide que estaba en el hospital...me alegro saber
que todos están bien-bajando el tono de su voz.
-Bueno no todos la
señorita Pony está un poco delicada de salud..no te asustes es sólo un resfriado
nada grave...me voy el doctor me está llamando seguro que mi padre se ha
desmayado de los nervios....cuídate.
-Tú también-“Ahora ya tengo una excusa
para no estar en la casa cuando llegue Albert”
Al llegar a la mansión se sorprendió cuando le avisaron que
Elroy la estaba esperando a cenar, imaginaba que por haber estado dos meses
fuera iba a estar visitando a sus amigas. Se apresuró a cambiarse de ropa para
ir a cenar.
-Buenas noches tía-se acercó a besar su
mejilla.
-Buenas noches...cómo ha estado tu día-preguntó indicándole a
Candy que se siente a su derecha.
-umm tranquilo...y el suyo?
-No me puedo quejar.
-...
-Hoy vi a Tom.
-¿Tu amigo el vaquero?
-Sí...dice que la
señorita Pony está delicada de salud...quisiera ir a verla.
-Por su puesto hija
debes ir a visitarla, no te preocupes por mí estaré ocupada con Anny arreglando
todos los detalles de su boda. Su madre es una mujer muy indecisa y siempre
retrasa todos nuestros avances.
-Gracias tía, he pedido unos días de
vacaciones para quedarme hasta que esté totalmente recuperada.
-Me parece muy
bien...¿cuándo te irás?
-Mañana por la mañana-respondió dudando
que Elroy acepte.
-Debes abrigarte hace mucho frío-fue su
respuesta antes de salir del comedor-“Aunque no hayas confesado a alguien tus
sentimientos sé que amas a William y te duele esta situación por eso permito que
te vayas, aunque no sé si en realidad la señorita Pony esté delicada de salud
prefiero que salgas de esta casa para que puedas distraerte”
Candy se sorprendió porque pensaba que se iba a negar, aunque
tenía un poco de temor al dejar a Betsabeth y a Elroy solas reconocía que tenia
que irse por lo menos por unos días. Fue a preparar su maleta para irse al Hogar
de Pony y poder ordenar sus pensamientos, extrañaba mucho poder subirse al Padre
Árbol y meditar en todo lo que le había sucedido.
Terminó de
preparar sus cosas y se fue a la cocina asombrándose de encontrar a Betsabeth
allí. Lo que no sabía era que Betsabeth, desde las escaleras, había escuchado
toda su conversación con Elroy e imaginando que se iba a dirigir a la cocina fue
a esperarla.
-Buenas noches-saludó
-Hola
Candy-saludaron los sirvientes.
-Buenas noches Candy.
-Hola Betsabeth...
-Me retracto, tu torta estuvo exquisita...por favor no vayas a
despedirme.
-jajaja como crees que iba hacerlo ni que fuera un ogro...pero en
compensación debo pedirte un favor.
-Lo que desee su majestad-haciendo una
reverencia-sus pedidos son órdenes.
-Podrías preparar para mañana muy temprano
esos pastelitos ricos que haces.
-Claro los tendré para el desayuno.
-Esta vez tendrán que ser bastantes pues iré al Hogar de Pony.
-¿Te vas?-preguntó Betsabeth fingiendo sorpresa.
-Sí..sólo por unos días, la señorita Pony está delicada de salud.
-¿Y es grave?
-Aún no lo sé Doroty pero es mejor
prevenir que lamentar.
-Espero se pueda recuperar pronto.
-Gracias Betsabeth yo también espero eso...en vista de que me iré
antes de que se sirva el desayuno crees que podrías tener pastelitos para un
batallón.
-Por su puesto....siempre y cuando tú no comas de ellos.
-Yupi-dijo dando un brinquito-te ayudaré a preparar la
masa.
-Y yo iré a preparar tu maleta.
-Ya está lista
Doroty, mejor ayudemos a José para que termine pronto-poniéndose un mandil.
-¿Puedo ayudar?-preguntó Betsabeth de maneta tímida
-Por supuesto-respondió Candy con una sonrisa-allí hay un
mandil para que no te ensucies la ropa.
-Gracias-se puso el mandil y tomó una
olla.
-Entre más personas mejor para terminar pronto.
-Es un hecho cuando
regrese el señor Aldry perderé mi empleo.
-jajaja-reía Candy en forma
nerviosa-ya te dije que no soy un ogro...sin más preámbulos manos a la
obra-levantando un cucharón en una mano y en la otra una olla.
Debido al trabajo que estuvo haciendo
para preparar los pastelitos se quedó dormida. Al despertarse se sintió muy sola
y recordó lo que había pasado con Betsabeth, se levanto de su cama y empezó a
vestirse como una autómata. Saliendo de su cuarto fue a ver a Elroy para
asegurarse de que esté bien. Elroy ya se encontraba despierta y se despidió de
ella enviando saludos a sus madres ya todos los niños. Aún faltaba que
preparen el carro y empaquen los pastelitos que iba a llevar por lo que decidió
ir al jardín.
Sentada entre las rosas tomó un pequeño capullo en sus finos
dedos, el otoño recién estaba empezando pero parecía que en esa casa el verano
estaba en su apogeo por que las rosas estaban más hermosas que nunca, por lo
menos en el jardín parecía ser verano porque en el corazón de unos era un crudo
invierno.
Sin poder evitarlo una lágrima rodó por su mejilla recordando
todos los momentos que había pasado con Albert en ese jardín. Desde que se
propuso hacer una jardín de rosas como el de Lakewood él la había estado
ayudando, pasaban la mayoría de sus ratos libres en ese jardín. A veces en lugar
de trabajar se ponían a jugar como un par de niños terminando enterrados de pies
a cabeza. Recibiendo una buena reprimenda de Elroy y las risas de todos los que
los miraban.
Es que el amor que se profesaban ese par de rubios era un
secreto que todos gritaban a los cuatro vientos. Todos los sabían pero todos lo
ignoraban, aparte de una que otra indirecta nadie decía algo más pues ellos se
hacían los desentendidos. Candy sonreía tristemente recordando esos bellos
momentos, que guardaría siempre su corazón cuando escuchó la voz amada
llamándola, pensando que era una alucinación de su parte meneó la
cabeza.
-Lo tengo tan presente que lo escucho en
todo momento-pensaba.
-Candy, Candy-
Ahora la voz estaba más cerca y el ruido de un motor le hizo
darse cuenta de que no estaba alucinando. Candy se levantó para buscar de donde
venía la voz, se quedó sin habla al ver que Albert se acercaba a ella. Un mes
había pasado desde que el se había ido de viaje de negocios.
“Una Sombra del Pasado”
Por
“Jarerc Aldry”…Judith Oviedo
Capitulo
I
“El pasado regresa”
Notas de la autora:
Aquí esta el
primer capítulo de mi nuevo fic espero que les guste. El título del fic ha sido
escogido por mi amiga Dany y también el título del primer capítulo...así que
muchos aplausos llenos de gratitud para ella, porque yo no sabía que nombres
escoger. También como algunas correcciones. Gracias Dany por tu ayuda y
paciencia
“Jarerc Aldry”…Judith Oviedo
Jarerc_jk@hotmail.com
“Por Siempre
Albert mi príncipe y mi gran amor”