Leyendas de lakewood
Las Ninfas de Lakewood y Sus primeros encuentros con Albert...
Ninfa de viento...
Primer encuentro repentino



“Shfiiiiiu!”  A pasado junto a mi un ave, que vuela tan rápido como sus alas le permiten...  Pero yo no puedo quedarme atrás! “Viento!” y de solo pensarlo, genero una leve ventisca que me hace deslizarme por los aires a gran velocidad!

  “Lo hice!” he pasado ya a aquella ave, y otra, y otra! Oh! Que hermosa sensación  la de mi rostro luchando contra los vientos y sin embargo deslizándose con tal facilidad. Pero... que es lo que e visto? Es acaso mi pequeño?! Oh! Me encuentro por encima de él, tengo que verlo! Tengo que acariciar su rostro.

  Me preparo para realizar un cambio de dirección, cruzo mis brazos y con un rápido y fuerte movimiento lo extiendo abriéndolos y siento como el viento hace un cambio con una ráfaga de aire, entonces mi cuerpo gira hacia atrás y voy deslizándome en picada hacia abajo.

  Mi cabello sin color, por el aspecto corporal que adopto cuando planeo por los aires, revolotea junto con las hojas que se deslizan a mi alrededor, y detrás de mi dejo una estela de flores que ondean y bailan por la ventisca que las agitó.

  Ya casi llego hacia ti... “Pero!” Nuevamente, de un movimiento rápido y ágil dirijo mi torso hacia un costado para desviar la ráfaga de aire, refugiándome de esta manera en el bosque.
  Una ves ahí, mi cuerpo comienza a tomar su color al tiempo que mis pies tocan el suelo, dejando la transparencia atrás, y desde ahí te veo. Oh! Pero si solo eres un pequeño ser! Tan hermoso! Que no puedo llegar a ti en forma de ráfaga, pudiera asustarte...  y yo no quiero eso..  Una brisa! “Si! Así no te asustaría!” Aun no terminaba de llenar de color mi cuerpo cuando empecé a transparentar otra ves, esta ves mis pies se separaron de el pasto lentamente, al tiempo que comencé a avanzar hacia ti, simplemente con extender los brazos manteniendo los codos en las caderas y así despliego una suave brisa que delicadamente llega hasta ti...

  Oh, mi adorado niño, que suave y tersa es tu piel! Y los rizos de tu cabello tan dorados como los rayos del sol. Y sonríes! Oh! Que hermosa es tu risa de criatura! Que dicha de poder rozar tu piel con mi brisa! Pero tengo que irme, no puedo quedarme mucho tiempo, no te preocupes, ya volveré, a jugar con tus rizos otra ves.
  Y con solo girar mi rostro, logro crear un pequeño remolino, que levanta las hojas detrás de mi, mientras me alejo en el vaivén del viento...



Te recorro, pues sé que así serás libre....







Por San
GF 2007
Albertmanía